Ecuador. Miércoles 24 de Mayo de 2017
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Sobre nulos e indecisos

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

Los duros del voto nulo. Están convencidos de que al votar nulo salvan su conciencia y mantienen la pureza de sus convicciones políticas. Es su derecho. Felizmente la democracia lo permite. Creo que juegan a ser iconoclastas y a reservarse la última palabra sobre lo que suceda en el futuro. Sin embargo son conscientes que su decisión no los pone al margen de nada, ni de la derrota ni de la victoria. Si la situación mejora se beneficiarán en silencio y si empeora podrán salvar su responsabilidad escudándose en su decisión. En el fondo y en la forma, más allá de sus argumentos, no son más que lo que el decir popular califica como: «ni chicha, ni limonada». Ni Moreno ni Lasso, aunque rompan lanzas contra Moreno y la experiencia populista autoritaria de estos diez años. Vienen de una tradición de izquierda que no comprende y se resiste a reconocer que el correísmo la destrozó y la infamó. Aún así se escudan en una frase:

—¡Nunca votaré por un banquero!

Lo cierto es que ésta no es una elección cualquiera ya que están en juego los fundamentos de nuestra imperfecta democracia, lo poco que queda de ella, pero democracia al fin.

Otros militantes anuladores provienen de la convicción de que la política es una m…. y todos los políticos son de la misma calaña, menos su anti politicismo que paradójicamente ha sido el fundamento del populismo autoritario en que nos encontramos. Es parte de un narcisismo no suficientemente procesado en el diván: minoría ilustrada de ángeles impolutos y vírgenes inmaculadas.

Los indecisos químicamente puros. No sólo dudan frente a una circunstancia como la actual sino de todo. Hasta dudan de que dudan. De este tipo de indeciso no hay que esperar nada y el domingo 2 se pasarán en la indecisión y no llegarán a votar. Alimentarán las abstenciones. También hay una subespecie de indecisos puros que no encuentran razones o no están convencidos por quién votar. Lo decidirán al filo de la medianoche del sábado 1.

Los indecisos que quieren pero aún no se animan. Puede ser que el papá o el marido o la mujer, su mejor amigo o amiga, quién sabe si él o la amante, sean partidarios de uno o de otro candidato y que él o ella tenga una opinión distinta. Para no armar la bronca cotidiana guarda silencio y se refugia en la indecisión. Definirá su voto frente a la urna, en ese incómodo y poco reservado lugar de votación. Lo harán más allá de lo que dijo o calló el candidato, por simpatía o bronca, en una secreta rebelión contra el poder patriarcal o matriarcal. Más allá de si les interesa la política. ¡Puro sentimiento! Su voto será verdaderamente secreto. Sospecho que son una porción significativa del pastel de los indecisos.

Los indecisos por interés o por miedo. Se guardan su opinión y su decisión hasta el momento mismo de enfrentar la papeleta. Me imagino a esa masa enorme de funcionarios públicos. ¿Cómo expresar una opinión, cómo decir en voz alta, por ejemplo, que votará por Lasso, que anulará el voto o que aún no se decide? La vida del empleado público está inmersa en una red de vigilancia, delación y control. Sí, puede sostener frente a sus colegas que votará por Lenin pero sabe que el correísmo lo ha denigrado, lo ha convertido en un peón de su estrategia política y sabe lo que es también evidente: los próximos salarios se pagarán con dinero electrónico y no tiene asegurada la jubilación ni el seguro de desempleo pues el IESS está quebrado, que es mucho peor que privatizado, y que la dolarización que le dio cierta estabilidad económica está en la picota. Por otra parte, les caló la campaña de terror oficialista: Lasso reducirá el Estado. Pero más allá de esta campaña sabe que la crisis económica es tan profunda que nada está garantizado en el Estado ni con Moreno ni con Lasso. Tampoco le convence aquel dicho: «es mejor malo conocido que bueno por conocer».  Cuando un encuestador llega a su casa la desconfianza aflora y la única respuesta posible que tiene es:

—Aún no decido mi voto.

Lo cierto es que estamos en manos de los indecisos, aquella multitud silenciosa o silenciada que espera el momento de acercarse a las urnas y votar.