Ecuador. Jueves 27 de Abril de 2017
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Las discapacidades

Miguel Molina Díaz
Quito, Ecuador

En el Ecuador, la personas con discapacidad es el objeto de un discurso superficial y mentiroso, o algo muy parecido a eso.

La visión social sobre la discapacidad tiene una historia larga y compleja. Probablemente, se puede situar su inicio en la década de los sesenta, en el contexto de las luchas por los demás derechos, emprendidas por los movimientos de mujeres o minorías étnicas. Esta lucha llega a su punto más alto en el año 2006, cuando las Naciones Unidas aprueba la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que fue ratificada por el Estado ecuatoriano en el año 2008. El periodo en el que la Convención empieza a entrar en vigencia en el mundo coincide con la asunción de una persona con discapacidad a la vicepresidencia del Ecuador, por primera vez en la historia.

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Hay mucha tela que cortar. Las discapacidades me interesan porque han marcado a mi familia. La noción ortodoxa sobre las discapacidades, imperante hasta el comienzo de las luchas que dieron como resultado la aprobación de la Convención, tiene que ver con la persona enferma. Romper el paradigma implica ver como sujetos de derechos a ese grupo de individuos a los que durante siglos se vio como enfermos.

Converso con Karina Marín sobre estos temas. Ella es experta y mamá de un niño con discapacidad. Muchas de estas ideas le pertenecen. El 27 de octubre de 2014 el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU emitió sus Observaciones finales sobre la situación de Ecuador con respecto a este tema. Creo que todos los ecuatorianos deberíamos revisarlo para entender la situación actual. Si bien la gestión del vicepresidente Lenín Moreno implicó que el Estado fortalezca sus políticas en torno a este sector de la población, es preciso realizar varios cuestionamientos, más allá de la propaganda.

Comencemos por la Misión Manuela Espejo, que consiste en una política de ayudas técnicas a las personas con discapacidad, a quienes asisten con la entrega de sillas de ruedas, colchones antiescaras, audífonos, muletas, etc. Son ayudas técnicas que no están respaldadas por una visión que integralmente se conecte con sus derechos humanos. Eso la convierte en una misión fundamentalmente asistencialista. La entrega de una silla de ruedas a un niño de 10 años está sujeta a que, en 4 años, el cuerpo del niño ya no se adapte a esa silla. ¿Qué sucede en ese momento? Que debe el niño volver a hacer el trámite para obtener otra silla. ¿En qué consiste ese trámite? En enviarle una carta personal al vicepresidente de la República. Quizá la intención es dejar en claro que esa ayuda es la caridad de un vicepresidente hacia una persona con discapacidad. En este proceso, parecería que las personas no tienen derecho a que el Estado les brinde esas facilidades, sino que se depende de la caridad del segundo mandatario. Es importante mencionar que este programa no entregó las ayudas técnicas por dos años, se retomó en el contexto de la actual campaña electoral. ¿Está consciente de esto Lenín Moreno?

El problema es que, este tipo de medidas, no rompen el paradigma de la discapacidad, sino que lo ahondan y perpetúan. Nos retrotraen a la noción que ve a las personas con discapacidad no como sujetos de derechos sino como personas que requieren la caridad del Estado, necesitadas de solidaridad y provocadoras de lástima. Esto no dice la propaganda oficial, que ha puesto a las políticas públicas sobre discapacidad como carta de presentación del gobierno, de manera que las personas con discapacidad conmuevan y causen la sensación de que el Estado ha transformado su situación. Entonces sus imágenes salen a la campaña política, se instrumentaliza esos cuerpos a conveniencia del discurso.

Respecto de la Misión Joaquín Gallegos Lara el mismo Comité de la ONU hace cuestionamientos muy serios. No son extraños los casos en que la persona con discapacidad es convertida en un pretexto para que terceros reciban bonos del Estado. Hay familias de escasos recursos con modernos televisiones, mientras la persona con discapacidad sigue mal atendida. El sistema implementado por esta misión, tiene problemas graves. Por ejemplo, para recibir el bono, un miembro de la familia debe quedarse en la casa cuidando a la persona con discapacidad. ¿Quién se queda generalmente? La madre. Si sale a trabajar, pierde el bono. La esclavizan y la vuelven cuidadora perpetua, se acentúa la idea de la mujer como cuidadora “del enfermo”, y a la persona con discapacidad como un problema.

El Comité hace más críticas muy serias. Una de ellas tiene que ver con el índice de embarazos en mujeres con discapacidad, en un periodo alarmante, que va desde los 15 a 19 años. Es decir, a la ONU le preocupa la violencia sexual que se ejerce contra mujeres y niños con discapacidad. En ese sentido, el Comité cuestiona el caso de aborto en mujer con discapacidad mental, permitido en el Código Orgánico Integral Penal, porque la legislación permite a un tercero, por ejemplo, el padre, tomar la decisión del aborto. Los casos de violaciones se agravan porque, si la mujer con discapacidad se queda embarazada, se la puede forzar a un aborto. Más allá de esto, hay una política discriminatoria. ¿Qué diferencia la agresión sexual a una mujer con discapacidad de una que no tiene? Ambas son agresiones sexuales. ¿Qué pretende el Estado? ¿Qué las mujeres con discapacidad no se reproduzcan? ¿Pensó en esto Lenín Moreno cuando fue vicepresidente?

El mismo sistema del carnet resulta humillante y provoca una suerte de revictimización de la persona al incluir el porcentaje de su discapacidad, que se impone a partir del criterio discrecional de un funcionario público. El porcentaje es crucial a la hora de recibir los beneficios tributarios y de reducción de tarifas de la Ley de Discapacidades, pues sólo merecen estos beneficios, de acuerdo al reglamento, quienes tienen más de 40% de discapacidad. ¿No les parece humillante que a una persona que quiere comprar un ticket de avión o la entrada a un concierto le pregunten su porcentaje de discapacidad? Perú abolió el porcentaje de su carnet y Colombia nunca lo incluyó. Es una práctica drásticamente discriminatoria. Si no, pregúntenle a Kathy Pico, a quien le amputaron una pierna y que, con su prótesis, se ha convertido en una atleta de índole internacional. Pese a todas las dificultades que ha tenido que pasar en su lucha personal y heroica, en un recalculo se determinó que su porcentaje es de 37%, en consecuencia, no tiene derecho a la rebaja en los pasajes de avión para representar al país en competencias deportivas internacionales. Ella es sólo un ejemplo de esta problemática. A las personas con discapacidad, este sistema de carnetización los ve como enfermos que necesitan un reconocimiento estatal de su identidad discapacitada, no como sujetos de derechos.

Me temo que hay mucho por hacer en el ámbito de las discapacidades. Las políticas públicas del gobierno de Correa han sido insuficientes y, en ciertos casos, desacertadas. El gobierno, por la coyuntura política, insiste en verlas como personas admirables que conmueven, a las que hay que tenerles pena. Lenín Moreno ha construido toda una trayectoria pública en relación a una obra que, en algunos sentidos, ha perpetuado el paradigma de las personas con discapacidad como enfermos. Es verdad que la desatención estructural era dramática, pero en diez años la respuesta del Estado a este sector, y más con Moreno en el gobierno, debía ser mucho más coherente.

De hecho, Moreno se ha beneficiado del paradigma porque una de sus consecuencias es que nunca se les ve a las personas con discapacidad como seres humanos sino infrahumano o, si logra salir adelante, sobrehumano. Él se ha presentado así a esta elección, como un hombre sobrehumano, con propósitos mesiánicos, con el que debemos ser condescendientes y que tiene un aura que a partir de cierto punto lo hace incuestionable. ¿Cuándo nos va a explicar por qué no trabajó por mejorar las misiones Manuela Espejo y Joaquín Gallegos Lara para que no sean solamente asistencialistas y permitan la inclusión de las personas con discapacidad como sujetos plenos de derechos? ¿Por qué no lo hizo como vicepresidente o como Enviado Especial para las Discapacidades en Ginebra? Hay mucha tela que cortar.