Ecuador. sábado 23 de septiembre de 2017
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La valentía de Guillermo Lasso

Luis Fernando Ayala
Guayaquil, Ecuador

Los ecuatorianos acudiremos este domingo a las urnas en lo que es sin lugar a dudas, la elección presidencial más trascendente de nuestra generación.

Para un amplio sector de la ciudadanía, esta elección representa la mejor (y quizás la última) oportunidad, para dejar atrás una etapa en la historia de nuestra república; que será recordada por el carácter autoritario de quienes han ostentado el poder y sus permanentes violaciones a las libertades ciudadanas. Para muchos, poco importa el nombre del candidato que aparecerá en la papeleta al lado del delfín de Rafael Correa; lo que importa es recuperar la libertad. Y es así como algunos actores políticos ubicados en un espacio ideológico distinto al de Guillermo Lasso, han pedido el voto por él calificándolo como “el mal menor”. Afortunadamente para los ecuatorianos, ese no es el caso.


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Es entendible que en una era como la que vivimos, donde los ciudadanos están más informados y por ende se vuelven más exigentes con los políticos; ningún candidato pueda concitar una adhesión unánime de sus propios electores a todas sus propuestas, ni a todas las decisiones que puedan tomar en una campaña electoral. En mi caso particular, debo citar que considero que la decisión de CREO de ir en alianza con el movimiento SUMA fue un error. Pero esta y otras aprehensiones que puedan presentárseles a quienes, como yo, deseamos un cambio de régimen, palidecen ante los aciertos y capacidades de quien, una vez más en mi opinión, puede convertirse en el mejor presidente de las últimas décadas de nuestro país.

La historia personal de Guillermo Lasso es en sí misma, una razón poderosa para entusiasmar a una población que mayoritariamente anhela la posibilidad de mejorar la situación de sus familias en base al esfuerzo propio. La invitación recurrente de Lasso para que los ecuatorianos tomen en sus manos su propio destino; no es sino el reflejo de su experiencia personal de éxito como resultado de arduos años de trabajo, no exenta de grandes sacrificios; como fue la decisión de dejar los estudios universitarios, para dedicarse a la actividad profesional como medio para sustentar a su familia. Historia personal con la que muchos más podrían identificarse, sino hubieran sido bombardeados con la campaña sucia más aberrante que el país haya podido registrar en su historia.

Los ecuatorianos hemos sido testigos de la demostración de valentía de Guillermo Lasso al enfrentarse con las turbas organizadas del correísmo, que intentaron agredirlo a él y a su familia a la salida del Estadio Olímpico Atahualpa. Agresión que es al mismo tiempo un recordatorio de que cuando se enfrenta a un régimen autoritario, se pone en riesgo el nombre, el patrimonio y hasta la vida; y una advertencia de lo que podemos esperar quienes pensamos distinto, en el caso de que Lenin Moreno llegue a la presidencia.

Sin embargo, esta actitud de Lasso no sorprende a quienes hemos seguido su trayectoria en la vida pública. El mismo hecho de decidirse a enfrentar a Correa, cuando muchos en el campo político y empresarial optaron por la cómoda estrategia del silencio cómplice, acobardados por el respaldo popular que mantenía la dictadura; habla a las claras de alguien que está dispuesto a correr los riesgos que sean necesarios, cuando sus convicciones se lo impelen.

Y es precisamente esa valentía la que será necesaria, para implementar las reformas que resultan urgentes para rescatar a un país que se ve abocado a enfrentar una crisis de proporciones en los campos económico y social. Crisis generada en gran parte por la obstinación de un gobierno que impuso al Ecuador un modelo, que ha fracasado en todas partes donde se ha aplicado y que solo la soberbia de un tirano puede calificar de exitoso, frente al sufrimiento de una población que se debate ante la tragedia de la pérdida del empleo.

Los ecuatorianos decidiremos este domingo el futuro que queremos para nuestro país. Las alternativas no pueden estar más claras: la consolidación de una dictadura que con el paso del tiempo ha demostrado ser capaz de las acciones más ruines o el resurgimiento de una democracia que con todas sus imperfecciones, garantice a los ciudadanos la posibilidad de expresar sus diferencias en libertad. A Guillermo Lasso y en su nombre a muchos que se han atrevido a enfrentar en esta campaña a un despotismo implacable, a los ecuatorianos solo nos queda darles las gracias por su valentía.