Ecuador. viernes 17 de noviembre de 2017
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Tesis sobre el dogal que asfixia

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

1. No llama la atención que el dogal sobre la democracia se cierre cada vez más.

Bajo la batuta de Correa toda la acción del régimen va hacia la consagración del dudoso resultado electoral. No hay fisuras ni reculada. Él y su grupo tienen mucho que perder y ganar. En este contexto no se debe ignorar que el resultado electoral ha sido santificado por países claves, entre ellos Estados Unidos y China y organismos internacionales como la mismísima OEA, la maldita. Ese apoyo les debe haber arrancado lágrimas de felicidad: legitimaba su dudosa victoria electoral. Me pregunto: ¿a quién le interesa la democracia que se extingue en un país marginal —en todos los sentidos— frente al drama venezolano, al infierno sirio y a la tensión creciente entre Corea del Norte y Estados Unidos? Muchos son los problemas candentes del escenario internacional. Sin duda, esta circunstancia ha jugado a favor del régimen. Por otra parte, el CNE ha tenido suficiente tiempo para maquillar todo el proceso. Al igual que Maduro en Venezuela, el binomio Moreno – Glas será entronizado. Duele decirlo pero la mentira del régimen se impone ¿Hasta cuándo?


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2. Es sorprendente la respuesta desde la sociedad a la presunción de fraude. Dudo que Lasso y Creo hayan tenido la capacidad operativa para organizar la protesta, aunque la voluntad política de Lasso ha aportado significativamente. La respuesta ha sido esencialmente espontánea y masiva. De allí también la heterogeneidad de los participantes. Un amplio abanico del que participan mujeres católicas que llaman a la oración, hasta indígenas y familias de clase media. Difícil buscar una síntesis entre las plegarias que se elevan para que el país no se convierta en una nueva Venezuela, los llamados a Fuerzas Armadas para que intervengan, las consignas contra el fraude, contra Correa y por la democracia. Es el rostro diverso de la otra mitad del país, la que no se reconoce en el correísmo, la que ha sido excluida, acanallada, la que él y su corte tanto odian porque no se doblegó y que sueñan con hacerla desaparecer para que la realidad sea la proyección de su fantasía autocrática.

3. ¿Podrá una oposición que se ha ido haciendo sobre la marcha desplegar una estrategia inclusiva que le permita sentar las bases para una propuesta política democratizadora de las instituciones y del país? Es importante que quede claro que la defensa de las instituciones democráticas —elecciones libres y transparentes entre otras, pues no es la única— no se limita a una respuesta coyuntural a la arbitrariedad del régimen y a su autoritarismo. Es una propuesta que debe ser el corazón mismo del cualquier proceso, no una meta lejana que se debe alcanzar. Esto implica romper con la vieja política de élites y con los viejos dogmas. En parte la realidad los ha resquebrajado, pero aún persisten.

4. La salida del correato, al igual que la de cualquier autoritarismo, implica una amplia capacidad de convocatoria y diálogo que permita acordar un programa político que se acerque en lo posible a un escenario en el cual una gran mayoría se reconozca, aunque deba posponer aspectos específicos de sus demandas. Dada la cultura política del Ecuador es un sueño imposible o casi imposible.

5. Pasan los días y la sensación de que Moreno es una máscara se agudiza. Lo escucho, miro sus gestos y me convenzo de que el escenario y los retos que debe afrontar lo superan. No tiene que ver con su invalidez. Es algo más. Es la tensión entre sus eventuales y difusos buenos propósitos para explicar sus diferencias con Correa y la enorme distancia de lo que sucede en el entorno: medios de comunicación amenazados por la Supercom, fuentes independientes de información electoral perseguidas, tal es el caso de Cedatos; represión y descalificación de los escamoteados. Frente a estos hechos, las palabras de Moreno se disipan como el humo con el viento, su misma figura se desvanece. En la reunión con empresarios, al momento de responder las preguntas, los periodistas y camarógrafos son obligados a abandonar la sala. ¿A qué teme? La omnipresencia del poder de Correa lo anula. Le debe demasiado —la Presidencia, entre otros favores— tanto que no podrá ser él mismo, inclusive con un Correa lejano, algo que por definición es imposible. Tal vez tampoco lo desee ni lo necesite. Puede que se siente cómodo en el guión que han escrito para él. Ese será su drama, si tal drama existe. En la mitad del sueño es posible que la máscara caiga y Moreno vea su propio rostro. Pero eso sólo sucede en la literatura, en el cine y, eventualmente, en el diván.