Ecuador. viernes 24 de noviembre de 2017
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Lasso, la democracia y el fraude

Felipe Burbano de Lara
Quito, Ecuador

Tengo la impresión de que ni Guillermo Lasso ni todas las oposiciones –en plural– que se juntaron alrededor de su candidatura están conscientes de lo alcanzado en la segunda vuelta electoral.

Por supuesto que la aspiración era ganar, poner fin a la revolución ciudadana y al correísmo, pero el avance opositor fue notable. Lenín Moreno había pronosticado un triunfo sobre el banquero –como despectivamente se refería a su rival– con dos millones de votos en la segunda vuelta electoral, y apenas se impuso –según los conteos oficiales– por 226 mil. Los apoyos a Lasso crecieron 2,18 millones de votos, mientras los de Moreno 1,34 millones.


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Lasso triunfó en 13 provincias y alcanzó victorias notabilísimas en las principales capitales provinciales del país. Mostró, como ya se había visto en las elecciones locales del 2014, las fragilidades territoriales del movimiento de Gobierno. Lo hizo a pesar de tener todo el aparato gubernamental en su contra, la manipulación impúdica de los medios públicos, el abuso de los recursos estatales en la campaña oficialista y de la campaña sucia. Lasso mostró el miedo de Moreno para debatir con él, el terror que le tiene al espacio público. Desnudó la pobreza del nuevo liderazgo de Alianza PAIS, los abismos de calidad política que separan a él del relevo de Correa.

Lasso logró que amplios sectores de la izquierda, algo antes impensable tratándose de un exbanquero, se pronunciaran abiertamente a favor suyo en la segunda vuelta. Allí quedan como testimonio los pronunciamientos de escritores, pintores e intelectuales. Lasso mostró tolerancia, apertura, capacidad de diálogo. Contestó todas las preguntas duras que le hicieron en múltiples entrevistas sin molestarse ni incomodarse, aplomado, con argumentos. Le infligió una herida profunda a la revolución ciudadana al mostrar que la democracia puede estar del lado de la derecha y no de la izquierda como cree el sentido común de la política. Se mostró infinitamente más democrático y abierto que el correísmo. Mostró que puede haber una política pluralista, liberal, abierta, que oye otros argumentos, que debate con ellos seriamente y no los descalifica. Su pluralismo contrastó con el enclaustramiento de Lenín Moreno.

Su contribución a la democracia fue abrir el espacio político y visibilizar la presencia de 5 millones de ecuatorianos que aspiran a un país con un manejo político radicalmente distinto. Lasso definió con su lucha un nuevo escenario para el Ecuador después del larguísimo dominio de Alianza PAIS. Tuvo la valentía de enfrentarse a un poder autoritario, abusivo, prepotente, represivo, turbio. Quizá, efectivamente, fue derrotado por muy poco, pero desnudó con mucha altura las limitaciones del movimiento de Gobierno. El banquero les puso a temblar y los ha dejado temblando.

Lasso cometió un solo error en la segunda vuelta: proclamarse triunfador de la elección muy tempranamente sobre la base del exit poll de Cedatos. De allí en adelante, en lugar de capitalizar lo conquistado para seguir trazando las agendas del Ecuador poscorreísta, se puso a jugar con fuego deslizándose al pantanoso terreno del fraude. Y en ese desliz, los avances alcanzados corren el peligro de corroerse y distorsionarse. (O)