Ecuador. Viernes 23 de Junio de 2017
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Cacemos ratones

Juan Carlos Díaz Granados
Guayaquil, Ecuador

Para el año 2017, el Banco Mundial proyecta un decrecimiento de la economía ecuatoriana del 2.9 %.

El FMI el 1.6 %. Entre marzo del 2016 y marzo de este año, trescientas setenta y siete mil personas pasaron al subempleo. La tasa de subempleo es la más alta en los últimos diez años.


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Los candidatos presidenciales ofrecían la creación de doscientos cincuenta mil empleos anuales. La promesa resulta insuficiente: solamente el año pasado se perdieron doscientos cuarenta mil empleos adecuados, mientras doscientos veintisiete mil nuevos trabajadores ingresaron a la población económicamente activa (PEA). Estos flamantes trabajadores son jóvenes que hacen que el porcentaje de empleo adecuado de la PEA siga cayendo.

Las compañías venden menos como consecuencia de elevada carga impositiva, las salvaguardias, la inflexibilidad laboral, la corrupción y la excesiva tramitología. Todo esto significa gastos para las empresas. Esos costos se suman al precio de los bienes y servicios. Resultado: los productos terminan siendo caros y por ende, dejan de ser competitivos. Los precios elevados merman el poder adquisitivo de los consumidores y se produce un círculo no virtuoso que concluye en la reducción del porcentaje de empleo adecuado.

El socialismo del siglo XXI nos ha convertido en un país caro en dólares. Los turistas nacionales y extranjeros prefieren ir a otros destinos, para obtener más por cada dólar. Pero no solamente estamos perdiendo la oportunidad de captar los dólares del turismo receptivo vacacional, sino también el de los inversionistas extranjeros.

Tenemos que competir con otros países y lo hacemos mal. La inversión extranjera en el año 2015 fue de un mil trescientos veintidós millones de dólares. En el 2016 bajó a la mitad. Perú, Colombia y Chile reciben miles de millones de dólares más. Esos países sí pelean por seducir al capital extranjero. Aquí, los asambleístas salientes hacen lo contrario. Se dan el lujo de eliminar los incentivos que generan doce tratados bilaterales firmados para atraer inversión extranjera. Tratan de bloquear la gestión del presidente entrante.

La inversión extranjera directa protegida por los Tratados Bilaterales de Inversión crea empleos adecuados, que son que los ecuatorianos queremos: con cobertura de seguridad social y los beneficios del Código de Trabajo. No nos interesa estar en el subempleo (informalidad). Ocho de cada diez empleos formales son satisfechos por el sector privado. Los empresarios quieren crear más fuentes de trabajo, pero para lograrlo se precisa que el Estado mantenga reglas claras que se respeten en el tiempo. Seguridad jurídica que les permita a las empresas crecer, mientras el gobierno cesa el despilfarro.

En este panorama asume el mandato un nuevo presidente. Una personalidad diferente. Tiene la oportunidad de pasar a la historia si recupera la economía de un país rico, pero mal administrado. Puede seguir el ejemplo de Deng Xiaoping, quien a finales de los años setenta realizó reformas para liberar la economía socialista. Eso le permitió a China alcanzar el crecimiento económico actual. El trabajo de Deng Xiaoping se resume en su frase: “no importa el color del gato, sino que cace ratones”.