Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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El cinco de junio

Édgar Molina Montalvo
Quito, Ecuador

Los días mayores de nuestra Historia libertaria.

10 de Agosto, Primer Grito de Independencia, y luego su bautizo de sangre, el 2 de Agosto en Quito; el 9 de Octubre, que Guayaquil le pone el gozne tropical y el espíritu de autodeterminación a nuestra patria; el 24 de Mayo del ensamblaje fallido en América del Sur del Guayas a La Plata. Amén de los hechos estelares por la libertad, en las multitudes marginales los vicios de la servidumbre por la práctica de la costumbre, la ignorancia y el fanatismo, atentaron contra la necesidad de transformación de aquellos tiempos; tal como en los nuestros. No obstante, la España colonial fue vencida. Pero el hombre americano había quedado atrapado entre las mismas prácticas de explotación y unas declaraciones de igualdad que no podían resolver el conflicto del mestizaje étnico, que se forjó en trescientos años de ultraje clandestino, aunque evidente.


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Sobre esas aguas habría de navegar el naciente republicanismo. El portentoso Eugenio Espejo había iluminado el camino. Murió proscrito sin ver el fruto de su lucha, pero quedó su consigna: AL AMPARO DE LA CRUZ SED LIBRES. Es la primera llama de libertad escrita por el Primer Periodista Ecuatoriano, fundador del primer periódico “Primicias de la Cultura de Quito”. ¿Es procedente hablar de Espejo el 5 de Junio, que es día de Alfaro? Claro que sí, porque ambos son sinónimo de libertad, esa mayor expresión del espíritu del hombre que trasciende los tiempos y las distancias.
A propósito, quisiera consignar dos experiencias. En 1980, cuando en Nicaragua sandinista se instala un gobierno de concentración con participación de fuerzas democráticas que habían luchado contra la dictadura de Somoza, estaban en el gobierno liberales y a modo de espaldarazo, se reunió en Managua la Liberal Latinoamericana. En el gobierno participaba como Ministro de Trabajo Virgilio Godoy, quien más tarde sería vicepresidente en el gobierno la Sra. Chamorro. Terminada una plenaria en la noche, nos reunimos a la vera de la piscina del Hotel Intercontinental ecuatorianos y nicas; Virgilio abrió el cofre de sus recuerdos de Quito. Había estudiado en nuestra U. Central. En eso la sorpresa: todos conocían de Alfaro sus andares en Nicaragua. Uno de ellos se autoproclamó Doctor en Alfarismo: conocía todo, con citas geográficas, fechas, relaciones, éxitos y vicisitudes de Alfaro y detalles del nombramiento del Viejo Luchador como General de División del Ejército, por sus servicios a la causa liberal en Centroamérica. Nos habíamos pasado la noche oyendo de Alfaro y nos percatamos del amanecer porque los rayos del sol empezaron a reflejarse en la piscina.
Al mismo evento asistía el Arq. Daniel Daniel Samudio, quien había sido candidato liberal a la presidencia de Panamá. Me invitó para que al regreso hiciera un recorrido guiado por él, que había realizado obras en el Canal. Me dejó con recomendaciones en un estupendo Hotel; y, al llenar la tarjeta de ingreso en el espacio “domicilio” escribí Avenida Eloy Alfaro – Quito. La joven recepcionista se sorprendió y me dijo “No sabía que Eloy Alfaro era tan conocido en Ecuador.” En Panamá, avenidas, plazas, instituciones, escuelas, llevan el nombre de Alfaro. Bueno, aquí también. Pero el 5 de Junio y Alfaro nos conducen a reflexiones más allá de la anécdota.

Alfaro estuvo en el poder once años. Dos años como Jefe Supremo y nueve en dos períodos constitucionales. No vamos a referirnos a su gobierno y su obra. Solo digamos que sembró libertad y civilización, en grado sumo. Como obra humana, la suya no fue perfecta. Pero puede pasar, ha pasado y pasará el juicio ineludible de la Historia como el paradigma del servicio honrado hasta el sacrificio. La menos lograda de sus gestiones fue, sin duda, su desempeño como jefe de partido. No pudo dominar los apetitos de las facciones. El solo peso de su prestigio no fue suficiente y cayó diezmado por la traición, la envidia, la ingratitud. Como Bolívar: tenía levadura de héroe, no de tirano. El peso de su autoridad política y moral nunca lo utilizó en desmedro de los derechos ajenos y mucho menos para socapar abusos sobre bienes públicos.

El talón de Aquiles del régimen democrático y peor de las dictaduras, ha sido el abuso del poder. Ha sido la vorágine de la inestabilidad que el Régimen de Partidos no curó sino lo empeoró. Se cayó en el partidarismo familiar rampante, a espaldas del interés general. Sin embargo, los partidos tradicionales pueden exhibir entre sus dirigentes figuras de honorable servicio a la causa del interés nacional. En lo que al Partido Liberal se refiere, en la segunda mitad del siglo XX, honraron la causa libertaria: Andrés F. Córdova y Jorge Zavala Baquerizo; Raúl Clemente Huerta y Arsenio Vivanco Neira; y Julio Moreno Espinoza un referente histórico del liberalismo. Abdón Calderón Muñoz, fundó el Frente Radical Alfarista y fue candidato presidencial en binomio con Edgar Molina Montalvo. Calderón fue asesinado por sicarios de la dictadura militar. Ninguno fue electo, salvo Jorge Zavala que fue vicepresidente con Velasco en 1968.

Aunque la última década es demasiado fresca para juzgar, no es posible callar la vocación totalitaria, exenta de freno, con una planificada acción contra la libertad en todas sus manifestaciones. Un proceso de demolición del derecho en la mecánica de crimen organizado en el poder, para desbastar los recursos del petróleo con impunidad, asesorados por malabaristas españoles en la constitución de Montecristi, como la venezolana, con obvias consecuencias.

Mirando el futuro parece llegado el momento de volver sobre la huella de los fundadores libertarios del 10 de Agosto de 1809. El país necesita una NUEVA REPUBLICA, pensada por jóvenes para sus hijos y sus nietos, insertados en el mundo de la libertad y el desarrollo, como ciudadanos de un nuevo mundo guiados por el conocimiento, la tolerancia y la utilización racional de los bienes de la naturaleza entre los cuales se encuentra la información. El próximo 10 de Agosto es buena fecha para frente al monumento de Alfaro en el Ejido, proclamar el compromiso de las nuevas generaciones de fundar la Segunda República del Ecuador.