Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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No era esta libertad

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

El desencanto es, sin duda, el sentimiento más extendido que dejó en muchos aquel espíritu insurrecto de los años sesenta y setenta.

El soñado “mayo francés”, el de las proclamas: “abran su imaginación tantas veces como la bragueta”, cuando “hablaron las piedras” porque con los adoquines de París los jóvenes le hicieron saber a la clase gobernante que no estaban de acuerdo con sus políticas. Se luchaba por la libertad, por la igualdad, contra las barreras que nos separaban, por la posibilidad de poder vivir cada uno intensamente sus ideales. Era la época en que el Librito Rojo de Mao pasaba de mano en mano antes que se abrieran las tumbas de los millones de muertos que dejó a su paso el Ejército Rojo, también en pos de sus ideales.


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No pretendo hacer poesía en base a aquella época, sino manifestar el desencanto que produce ver a muchos que creíamos estaban luchando por la libertad. Y descubrimos que no era esta libertad. Acabo de ver fotografías del canta-autor catalán Lluis Llach sumado al movimiento independentista catalán cuya hoja de ruta se dirige a un estado autocrático en el que se establecerá la censura de la prensa, se abolirá la división de poderes del Estado y el Poder Judicial será un apéndice del Poder Ejecutivo. Se incautarán los bienes del Estado Español que se encuentren en Cataluña y se dirigirá la mayor parte de ese dinero a publicitar y difundir el independentismo y se decretará la desconexión de España mediante una decisión rápida del Congreso catalán sin que la medida pueda ser discutida por sus miembros.

Entonces, Lluis Llach, como tantos otros, no luchaba por la libertad. Por lo menos, no por esta libertad. Perseguido por su oposición al régimen de Franco, luchaba contra esa dictadura para imponer la suya. Duele pensar que esta fue la actitud de decenas de luchadores por la libertad. Es por eso que hablo de desencanto.

Este canta-autor escribió la canción: “L’estaca” (La Estaca) que terminó convirtiéndose en el himno del sindicato polaco “Solidaridad” que se opuso a la represión soviética en Polonia y más tarde fue la canción de la Revolución Tunecina (2011): “Siset, ¿no ves la estaca / a la que estamos todos atados? / Si no podemos deshacernos de ella / nunca podremos caminar. / Si tiramos fuerte, caerá / y mucho tiempo no puede durar. / Seguro que cae, cae, cae / bien podrida debe de estar”.

Llach formó parte de la llamada “Nueva Canción Catalana”, así como en Sudamérica tuvimos la Nueva Trova. Entre ellos estaban Paco Ibáñez (que le puso música al poema “Andaluces de Jaén” de Miguel Hernández), Raimon y, en cierta medida, Joan Manuel Serrat o Bernardo Fúster que cantó, también de Hernández, “Rosario dinamitera“, una mujer que combatió en la Guerra Civil española y se hizo célebre como dinamitera, lo que le costó una mano: “Rosario, dinamitera, / sobre tu mano bonita / celaba la dinamita / sus atributos de fiera (…) Era tu mano derecha, / capaz de fundir leones, / la flor de las municiones / y el anhelo de la mecha”.

Da la casualidad que mientras la prensa publica las declaraciones de Llach en favor de un Estado autoritario, aparece en “El País” el escritor chileno Jorge Edwards con motivo de presentar un nuevo libro: “Prosas infiltradas”. En la entrevista habla de su desencanto de la Revolución Cubana y recuerda su expulsión de la isla a donde le había enviado Salvador Allende en 1971 como encargado de negocios. Cuando vio cómo trataba Fidel Castro a los intelectuales, se produjo el primer desencuentro que culminaría tres meses más tarde con su expulsión por ser “persona non grata” al régimen.

A raíz del libro “Persona non grata”, en el que narra lo que vio en Cuba, se vio relegado por la intelectualidad latinoamericana en un momento en que estaba de moda ser bendecido por Fidel. A pesar de ello, sigue fiel a sus ideales. En la entrevista afirma que “lo que pasa en Venezuela, por ejemplo, y lo que pasa con la izquierda emergente en España (“Podemos”), me recuerdan lo que vi al llegar a Cuba”. Son dos formas diferentes de pensar aunque la causa sea la misma: la libertad. Lluis Llach la quiere solo para sí y para quienes piensan como él. Jorge Edwards la mira con madurez y quiere que ella sea posible para todos, incluso para quienes no piensan ni sienten como él.

* Jesús Ruiz Nestosa es escritor paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC de Paraguay.