Ecuador. domingo 24 de septiembre de 2017
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Joyce y sus Quimeras

Kevin Wright
Quito, Ecuador

“riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus recirculation back to Howth Castle and Environs” -Finnegan’s Wake

I

Las lenguas germánicas son consideradas fusionantes, y se caracterizan por ser fértiles en la generación espontánea de términos y expresiones. Suelen derivar diversas palabras de una misma raíz y abundan las palabras compuestas o komposita. Esta flexibilidad permitió a los primeros angloparlantes darse a ciertas prácticas literarias, tanto líricas cómo épicas. El “Beowulf”, considerado el génesis de la literatura en inglés o su primer ejemplo, está colmado de aliteraciones, lítotes, símiles, dobles sentidos y otras ambigüedades.


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Quizás el ejemplo más famoso son las kenning, circunloquios de origen nórdico más que germano, hoy son consideradas los primeros indicios de una literatura propiamente inglesa.

Véase:
Seġl-rād – “sail-road”: el mar
Heofon-candel – “sky-candle”: el sol
Weorðmyndum – “mind’s worth”: el honor

Las invasiones Normandas le quitaron este origen tan despreocupado al inglés, preñándolo de raíces y estructuras latinas y griegas, y revistiéndole de un vocabulario romance.

El pase de lo fusionante a lo analítico en el idioma inglés, de lo germánico a lo latino, es la herencia de todos los autores ingleses que conocemos hoy, incluyendo a James Joyce que, además de sentirse cómo un extranjero en su propia lengua, se sintió atraído por las aventuras experimentales de sus contemporáneos franceses, sumidos en los excesos de las avant-garde.

De la obra de Joyce, prima una síntesis de la épica homérica, abreviada en las peripecias que un judío dublinés sufre un 16 de junio en 1904. Esta novela contrasta a su vez con una obra llamada “Work in Progress”, más conocida como “Finnegan’s Wake”, que impresiona a muchos hispanos porque carece de traducciones de rigor a causa de una timidez generalizada entre las editoriales.
Los neologismos, o al menos un intento de producirlos, es la novedad clave que Joyce ejerce en esta obra, que resulta la antípoda nocturna del Ulises.

Revisando las listas de léxicos que algunos han logrado extraerle al Finnegan’s, uno nota que la técnica que más abunda en este intento de generar palabras nuevas son los portmanteau.

Vease:
Eitbou: Either + I + thou.
Pursonal: Purse + personal
Dontelleries: Distilleries + don’t tell.
Jinglish janglage: Jingle jangle + English language.

Y así, Joyce nos remonta a los orígenes de la literatura en inglés, las sagas y el Beowulf, donde abundaban las aventuras lingüísticas, las fusiones, las metáforas visuales, las circunvalaciones del significado, los juegos retóricos llevados a lo absurdo.

Virginia Woolf ironizó sobre Joyce en privado, aludiendo que era necesario “abandonar” a Proust para poder indagar en el genio inferior de “baja sangre” que se hace notar en el Ulises. Cuando se le pidió un juicio oficial aludió que la obra de Joyce no era necesariamente agradable, pero sí necesaria. Creo que no hay un epitafio más terrible, ni un elogio más alto, que dicho juicio.

II

Un admirador de Joyce llamado Brian O’Nolan se encargó de mejorar otro de los laberintos del modernismo, la de la intercalación de ficciones, en la novela “At Swim-Two-Birds”.

La trama gira alrededor de una narración enmarcada cuyo eje central es la historia de un estudiante de Dublín que escribe una novela sobre su tío, un tabernero que se encuentra escribiendo una novela que incluye al mismo estudiante y a otros novelistas. Estos a su vez escriben novelas donde constan el tabernero y el estudiante, y otros escritores de diversas tendencias. La novela termina contraponiendo personajes estrafalarios cómo el Pooka MacPhellimey, que recuerda a los maleantes de las obras de De Quincey, con personajes más propios del realismo, cómo el joven avispado John Furriskey que a su vez contrasta con el personaje que lo “imagina”, el de Dermot Trellis, un escritor cínico de westerns. Rebosan también adaptaciones de leyendas irlandesas por parte del estudiante de la narración central, en su mayoría relacionadas con Finn Mac Cool y Mad King Sweeney.

La novela, caleidoscópica, laberíntica, es a su vez un contraejemplo de la novela lineal, un ejercicio de la meta-narrativa, y un comentario sobre los diferentes estilos de la literatura de Irlanda. Se celebra su leve vulgaridad de colegial, su vena común con el Tristam Shandy de Sterne, y su honor cómo novela precursora del “posmodernismo”. El mismo Joyce dijo que la obra es digna de un escritor “verdadero” de “auténtico espíritu cómico”.

El norteamericano Thomas Pynchon, para mí el mejor de los presuntos herederos de Joyce, nos da “Mason & Dixon”, una obra construida alrededor de la colaboración exploratoria entre Charles Mason y Jeremiah Nixon por los territorios británicos de Norteamérica, en vísperas de la Guerra Revolucionaria.

El eje central de la novela está protagonizado por el Rev. Cherrycoke, hombre de ortodoxia ambigua, quien alude haber acompañado a Mason y Dixon. Entretiene a los demás integrantes de su familia extendida con relatos basados en las biografías de los exploradores, mezclando leyendas y fabricaciones propias con la historia.

Basándose en las narraciones establecidas de la expansión norteamericana, Pynchon indaga en las mitologías del llamado al Oeste, la esclavitud, el deísmo, una conspiración Jesuita y las vidas de Nevil Maskelyne, George Washington, John Harrison, Thomas Jefferson, Samuel Johnson y Benjamin Franklin, ente otros.

El estilo de la obra resulta una exageración de la sintaxis y gramática de un documento del siglo XVIII, cuestión que exacerba el carácter anacrónico de la obra. Abundan los cambios de perspectiva narrativa, Cherrycoke oscila de lo heroico a lo truculento y de lo erótico hacia lo puritano, dándonos a entender que la historia norteamericana es un meollo enmarañado de ficciones heterogéneas.

Estas novelas, herederas de la obra de Joyce, son ejemplos del intercalar de los géneros del ensayo, la biografía, la narrativa y el verso libre, con el fin de producir una literatura que no acepta la homogeneidad. Es la novela intentando escapar a las restricciones del género, del lenguaje y de los ejemplos previos, un impulso de ironizar sobre el género novelístico mismo.