Ecuador. jueves 21 de septiembre de 2017
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Con respecto del lanzamiento del “Libro de Olga”

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

En días pasados fue la presentación de “El libro de Olga”, una novela escrita por mí.

;aríasol Pons

Esta columna voy a dedicarla a la novela, por sus principios y por lo que significan. Les comparto mis palabras de ese día y agradezco nuevamente a quienes me acompañaron.


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Quiero decirles que este no pretende ser un libro histórico de Rumania, sino una novela acerca de una familia a quien una dictadura asfixia con sus imposiciones. Un estado que los somete a escasez, que no permite disentir, un estado que lo controla todo. Pero un estado representado por sus propios ciudadanos, porque son esas personas las que ejecutan las políticas de represión y persecución. Durante toda mi investigación del material histórico -que es marco de la novela- fue imposible no sentir la desesperación de esos seres cuyas vidas fueron terriblemente afectadas por un estado que castró sus espíritus mediante tortura, persecuciones, desplazamientos y que termina por quitarles oportunidades de desarrollo y someterlos a un silencio obediente frente la amenaza de un manejo policial de las opiniones con el riesgo de perderlo todo…. hasta la propia vida.

Cuando cuento que la novela se da en Rumania, la gente me mira con cara de desconcierto , ¿por que? La verdad es que soy fan del Drácula de Bram Stoker. -Ahí me miran peor!- Me puse a mirar mapas y fue esa leyenda la que me llevó a ese país. Primero me llevó a Transilvania, en Rumania y posteriormente a Ceausescu y su dictadura.

El libro de Olga se da allí, pero podría ser aquí mismo o en cualquier otro lugar porque aún cuando la familia Balcescu fue víctima de un dictador y sus caprichos, hoy hay miles de familias Balcescu alrededor del planeta. Familias perseguidas, hogares destruidos, derechos anulados y gobiernos enteros manipulados para obedecer la voluntad de unos pocos.

No debemos olvidar jamás nuestras convicciones y reflejarlas en la lucha respetuosa de podernos entender desde los puntos más equidistantes de la razón. La opresión convierte a la masa en autómata, el aparato estatal manipulador crea mecanismos de distracción para que los individuos nos desconectemos los unos de los otros y abandonemos el pensamiento crítico. Esa es la mayor amenaza de un opresor, el querer alejarnos de nuestras ideas y dogmatizar a los más jóvenes para adueñarse del futuro. Es importante reconocer que si los individuos NO resaltamos nuestra humanidad, esta puede ser fácilmente negada ante las presiones externas. Lo vemos en la historia y lo vimos en los experimentos de obediencia de Stanley Milgram así como en otros experimentos psico-sociales que demuestran que cuando el ser humano distrae la atención de sus convicciones puede ser capaz de decir y hacer cualquier cosa.

Escribir sobre el proceso individual de Olga me llevó a reflexionar acerca de la vida que se quiere vivir y la que se puede vivir. Así también, sobre los sacrificios que requiere la lucha del respeto por las libertades y el orden de la escala de valores. La frecuente distorsión de los principios así como el frecuente uso de palabras vacías puede desorientarnos acerca de lo fundamental del respeto mutuo y el valor de la vida. Ningún estado debe perseguir a sus ciudadanos, eso es fundamental. Agradecer que la autoridad de un gobierno y su cuerpo legal reconozcan derechos mínimos ya es una señal de que algo anda mal. La autocensura ya es síntoma de enfermedad.

El libro de Olga me acompañó cerca de 3 años. Cuando lo terminé viví una especie de duelo, no solo porque extrañaba a sus personajes sino porque me dejó un sabor agridulce acerca de las lecciones que nos deja la historia y que muchas veces escogemos no recordar. El drama de fondo es que la creatividad y el mundo de las ideas se van apagando en los entornos opresivos y eso se refleja en el espíritu del ser humano que cada vez se acostumbra a menos. Lo increíblemente admirable son los personajes de la historia que aún en la mayor opresión no se dejan silenciar y buscan la forma de hacerse escuchar.

Creo sinceramente que el Ser Humano debe brillar para crear, pensar, sentir, pero sobretodo para SER por si mismo, jamás para ser controlado por otro.