Ecuador. lunes 20 de noviembre de 2017
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La opereta del olvido

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

Después de una década del más grande saqueo de los fondos públicos, la quiebra de la economía y la destrucción de la escasa institucionalidad que había, luego de todo eso, ahora lo que viene es el bochornoso espectáculo de la impunidad.

Es el show de cómo echar bajo tierra todo lo sucedido, de cómo proteger a los autores y cómplices de haber despilfarrado y haberse llevado miles de millones de dólares de propiedad del pueblo ecuatoriano, dinero que era y que es de la gente más pobre de nuestro país; una riqueza que administrada con manos limpias y por gente medianamente preparada hubiese puesto al Ecuador a la vanguardia de la región en términos sociales y económicos, pero que hoy reposan a buen recaudo en bancos alrededor del mundo a nombre de tíos, sobrinos, concubinas, novios, compadres, asesores, amigos, o abiertamente en nombre de ellos nomás –tan seguros están de su poder–, o duermen billete sobre billete en sigilosas cisternas bajo el suelo de sus casas esperando el paso del tiempo.


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Hay que admitir que el circo que nos tienen preparado para sepultar en el cementerio del olvido todos los asaltos perpetrados, y todos los crímenes cometidos, va a requerir de mucho ingenio y astucia. La coreografía de esta farsa y su puesta en escena es trabajosa. Hay que prepararse para ver, en efecto, las más audaces piruetas, acrobacias y volantines de estos trapecistas para distraernos y hacernos creer que están investigando, aunque en realidad no lo hacen, que se aprestan a sancionar a los responsables, cuando en efecto hacen lo contrario, o a lo sumo se cargan contra unos pocos giles de escasa monta. ¿Qué inventos no más van a fabricar, qué cuentos no más irán a decirnos para convencernos de que todos estos mafiosos han sido en realidad un ejército de inocentes criaturas camino a la santidad? Para ello cuentan ciertamente con un regimiento de encubridores y mascotas, y un laberinto jurídico diseñado para que jamás se puedan recuperar los millones de dólares que se perdieron bajo el régimen más corrupto de la historia.

Ya se nos dijo aquello de que las coimas no perjudicaban al Estado, y que el pago diferido de sobornos era un asunto “entre privados”. Luego han salido con la cantaleta de que no hay pruebas “contundentes”, que todo es confidencial, que hay que proteger la honra de los denunciados, y hasta habrían llegado al punto de declarar como secreto un proceso de lavado de activos contra el afortunado tío, a ese que le cayeron millones de dólares por pura coincidencia. Y esto es solo el comienzo.

Pero aquí lo importante es saber si el presidente Moreno está conforme con esta vulgar opereta, con esta farsa, y si él quiere correr la misma suerte del dictador Narciso. Como se sabe, gracias a las encuestas que él mandaba a hacer, Narciso dejó el poder convencido de que era enormemente popular. Pero resultó que es tan menospreciado que ahora hasta lo botan de los restaurantes. (O)