Ecuador. viernes 22 de septiembre de 2017
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Salir del clóset

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

Yo he salido del clóset de mil de maneras.

;aríasol Pons

Salí del clóset cuando publiqué mi primera novela y dejé ver ese lado literario mío, así como salí del clóset cuando empecé a escribir sobre política y dejé ver ese interés mío al público. Salir del clóset es un ejercicio diario de ser uno mismo y no ser lo que otros esperan que uno sea.


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La frase o modismo tiene su origen que se remonta a hace más de un siglo y medio. La expresión fue utilizada por primera vez, en 1869, por Karl-Heinrich Ulrichs, pionero del movimiento de los derechos del colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). Con ella quería animar a los homosexuales a dar a conocer su condición y plantar cara a la sociedad ante las continuas discriminaciones que sufría este colectivo. Él había salido del clóset dos años antes. Esta frase es comúnmente referida al hecho de anunciar la homosexualidad de un individuo al público, de abandonar el secretismo malsano, pero el espectro en el que se puede utilizar es tan amplio que puede servir para conducirnos a potencializar nuestras fortalezas y reconocer nuestras debilidades. En ese ejercicio de ser uno mismo, hay muchos desafíos al convencionalismo de la sociedad en la que el individuo se desenvuelve. Por un lado, están las normas tácitas de la sociedad y por otras, dependiendo del credo -si es que lo hubiere- los desafíos a los preceptos religiosos. Todos ellos una serie de manuales que indican que hay cosas que se deben hacer y otras que no. Así los miembros de esos grupos acatan, muchos sin cuestionar, dichos preceptos y se forma un orden establecido del comportamiento.

Un orden que puede amenazar a una sociedad con el estancamiento de quienes lo conforman. Las modas y las novedades no son más que eso sino llevan un trasfondo de lo que representan y no siempre todo lo nuevo es bueno ni todo lo nuevo es malo. Lo que siempre será provechoso es el autoconocimiento del ser humano. Aceptarse como se es y aceptar a los demás como son. Seguramente habrá alguien que impugne esta idea diciendo: ¿bueno, y donde está el límite entre mal comportamiento y buen comportamiento? Eso me lleva a que la clave está en que mi derecho se acaba donde comienza el de los demás. Dicho esto, el ser uno mismo, en integridad y respeto a los demás lleva a descubrir aspectos maravillosos y macabros de la misma persona. Viéndolo de manera sistémica, como se debe contemplar la existencia, esa mezcla ecléctica de bondades y barbaridades es la creadora de los mejores avances de la humanidad.

Quien sale del clóset es porque venció el miedo de mostrarse como realmente es, es un acto valiente y de respeto a uno mismo. El desafío al convencionalismo produjo los movimientos artísticos que hoy estudiamos en la historia del arte, produce obras arquitectónicas impresionantes, produce descubrimientos científicos magníficos y  da la vía al  desarrollo del pensamiento que contempla cada vez más realidades que se mezclan con la ciencia en el entendimiento del ser y su realización. Salir del clóset es un ejercicio sano de crecimiento personal que libera y puede encausar al desarrollo; plantea una vida más coherente y honesta tanto con uno mismo como con los demás.

Si la verdad con uno mismo es la que impera, entonces no aceptaremos otra cosa que no sea la verdad de los demás.