Ecuador. martes 26 de septiembre de 2017
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¿Arrimar el hombro?

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

Hay que darle crédito al presidente de la República por haber reconocido que su antecesor mintió cuando dijo que dejaba al país en óptimas condiciones económicas.

Claro que llama la atención que recién haya caído en cuenta de este hecho. Hace rato que buena parte del país ya estaba enterada de que las cifras que se daban los sábados, y que luego eran replicadas por un ejército de parlanchines, eran falsas. Y no solamente que se le mentía constantemente al país, sino que, además, se insultaba y se perseguía a todo aquel que osara desnudar esas mentiras. Se llegó al extremo de multar a medios de comunicación por revelar lo que hoy es aceptado como cierto.


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El presidente probablemente a estas alturas ya habrá caído en cuenta también que el endeudamiento bestial del Estado ecuatoriano durante los últimos años del anterior gobierno no fue sino una maniobra para mantener una atmósfera de bienestar que apuntale la popularidad del expresidente, sin importar el daño que se le hacía al siguiente gobierno. Eso sucede, señor presidente, cuando se deja que la política económica de una nación sea manejada por mentes mediocres, por almas atormentadas por la vanidad, por gente que, en definitiva, sobrepone sus obsesiones ideológicas y complejos personales a los intereses públicos.

Pero por muy grandes que hayan sido las mentiras del anterior gobernante sobre la economía, por muy burdas que hayan sido las falsas cifras que pintaban un país inexistente –todo lo cual constituye una grave violación de normas de derecho público, por la que deberá responderse judicialmente tal como ha sucedido en Brasil, donde Dilma fue encausada por manipular cifras– más grave que todo ello, decíamos, es el descalabro ético en que dejó el país su antecesor. Lentamente ha comenzado a conocerse la magnitud del saqueo de los fondos públicos, del enriquecimiento grosero de una casta de personajes a costa de los fondos públicos, y de la colusión sistemática de las principales funciones del Estado. (Se llegó al descaro hasta de legitimar las coimas…). Porque lo que hubo en el país fue eso, un verdadero saqueo solo comparable con el saqueo de Roma por parte de los visigodos, capitaneados por Alarico, en el 410 de nuestra era.

No solo, pues, se pasó su antecesor mintiendo e inyectando odio a la sociedad ecuatoriana, sino que con la otra mano lideró lo que ya hoy se reconoce que fue el régimen más corrupto de la historia nacional. Es por ello que resulta algo incomprensible, por decir lo menos, que se nos pida a todos los ecuatorianos que arrimemos el hombro para superar la crisis económica que vivimos. Esa crisis económica, señor presidente, está indefectiblemente conectada con la mafia que gobernó el país en la última década. Que primero esa mafia vaya a la cárcel –como está sucediendo en otros países–, y luego el país seguramente arrimaría el hombro por la crisis. Pero no le pida más sacrificios a una ciudadanía que ya fue víctima de una banda de asaltantes. (O)