Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Desmontando los mitos del correísmo

Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

Estos meses de gobierno de Lenin Moreno han sido un espectáculo fascinante de ver.

Ni el más optimista se hubiera imaginado un cambio de dirección en un gobierno del mismo partido como el que hemos visto en estos 70 días. Y es que lo que hemos visto no es únicamente un cambio de estilo, o como algunos pensaban una ruptura ficticia entre Moreno y Correa. Lo que estamos viendo es un proceso sistemático de desmontar los mitos del correismo.


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El primer mito que se está desmontando es el de Correa como un buen administrador del Estado y como responsable de un buen desempeño económico, lo que una revista extranjera en 2013 denominó como “el milagro ecuatoriano”. Durante buena parte de su gobierno, Correa afirmó que el Ecuador creció por encima del 4.5% en promedio y por arriba de Latinoamérica. Mirando ahora su década (2008-2016) en el poder vemos que el crecimiento anual promedio fue un 3.5%, lo que nos ubica sextos en Sudamérica, por debajo de: Perú (5.2%), Bolivia (5%), Paraguay (4.9%,) Uruguay (4.2%) y Colombia (3.8%), levemente por arriba de Chile (3.3%) y superior a: Brasil (1.6%), Argentina (1.5%) y el desastre de Venezuela (-1%). Un sexto lugar en Sudamérica no parece muy impresionante y lo es menos cuando vemos que tuvimos uno de los peores desempeños fiscales de la región, nuestro déficit fiscal anual promedio en ese periodo fue de -3.5%, solo mejor que Brasil y una vez más Venezuela.

El buen desempeño de las economías latinoamericanas que empezó a desinflarse en 2014 se debió más al entorno internacional de precios altos de las materias primas que exportamos que al mérito de sus gobernantes; sobre todo de los gobernantes de izquierda, cuyos países se ubican en los tres peores lugares durante la década tanto en crecimiento como en déficit fiscal. En el caso del Ecuador, al buen entorno internacional hay que sumarle la estabilidad que brinda la dolarización y al notable incremento del gasto público durante la década de Alianza País que se vio en los constantes y crecientes déficit fiscales. Parte de ese incremento de gasto público fue positivo y necesario y otra parte fue excesivo y plagado de corrupción, lo que nos lleva al siguiente mito.

Las manos limpias, junto a las mentes lúcidas y los corazones ardientes, fue uno de los slogans que marcaron la década de Correa. Ahora vemos con claridad que muchos de los funcionarios de Correa estaban lejos de tener manos limpias y que por el contrario crearon un sistema complejo de coimas para llenarse los bolsillos. La corrupción ha sido un problema recurrente en Ecuador, sin embargo por la escala de los recursos con los que contó el gobierno de Correa, el tiempo que se mantuvieron en el poder y el acoso del ex presidente a cualquiera que osara denunciar actos de corrupción, el gobierno de la revolución ciudadana probablemente sea el más corrupto del que se tenga memoria. Evidentemente, esta aseveración es difícil de probar pues parte de la corrupción del gobierno pasado y de gobiernos anteriores no se conocen.

El siguiente mito que se está desmontando es el de Alianza País como un movimiento sólido. Durante 10 años, la mano férrea de Correa así como el estar en el poder lograron disipar cualquier división interna que el movimiento pudiera tener, al margen de algunas disidencias que a lo largo de una década no hicieron mella en el proyecto político. Eso se terminó hace unos días con la ruptura entre Moreno y Glass que fue descrita por uno de los diputados como ‘un divorcio de sus padres y tener que elegir entre irse con la madre o el padre’. Como consejo a aquél diputado, váyase con el padre que no terminará en la cárcel. La falta de cohesión de Alianza País es un problema menor que su falta de auto critica, problema conocido desde hace tiempo. La corrupción de uno o varios miembros de un partido político no tiene por qué significar la desaparición de este, siempre y cuando el partido no decida defender a los corruptos.

Lo paradójico de los últimos meses es que si Guillermo Lasso hubiera ganado la presidencia, no habría sido capaz de desmontar los mitos como lo está haciendo Moreno. Las críticas al modelo económico y el sinceramiento de una situación fiscal peor de lo que reconocía Correa, es mucho más brutal cuando lo hace el mismo equipo económico que gobernó con el ex presidente. Si Lasso hubiese ganado, probablemente el Contralor no habría sido reemplazado, Alianza País se habría mantenido cohesionada y habría sido más fácil para Glas y otros miembros de su partido simplemente desechar las acusaciones de corrupción como una venganza política.

Moreno ha dañado la imagen del ex presidente Correa de manera importante, difícil saber si de manera definitiva, y pone en tela de duda varios de los pilares sobre los que el correismo sostenía su idea de ser el “mejor gobierno” que Ecuador haya tenido. A partir de ahora, sus logros serán puestos en duda y a sus aciertos se les restará la cada vez más larga lista de pasivos: derroche, autoritarismo, corrupción y mal manejo económico. Se dice que el tiempo pone en su lugar a la gente, creo que todos coincidimos en que 70 días parece bastante más rápido de lo que cualquiera hubiera pensado.