Ecuador. Martes 22 de Agosto de 2017
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La mujer del César

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Julio César repudió a su mujer, Pompeya Sila, al poco tiempo de haber sido designado pontífice máximo del colegio de pontífices.

Ella había asistido, en calidad de espectadora, a una orgía permitida a las damas de la aristocracia romana. Nunca pudo probarse su infidelidad o acto deshonesto alguno. Incluso Julio César la absolvió de adulterio, pero se divorció. Las más ilustres señoras solicitaron que revoque su divorcio de Pompeya Sila, pero su respuesta fue que “no basta que la mujer de César sea honesta, también tiene que parecerlo”.


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Esto aplica a lo que sucede en nuestro país en relación a ciertos dignatarios. Más aun cuando existen graves indicios de responsabilidad penal contra ellos y ex funcionarios públicos.

Somos testigos de las acciones de uno en especial, que hasta monta enlaces ciudadanos para defenderse de la serie de coincidencias en las que constantemente aparecen su círculo cercano y su nombre en diferentes formas. Agravando su situación, porque este despilfarro implica el uso indebido de nuestros recursos para fines personales. Al punto que la Secretaria Nacional de Comunicación (SECOM) declaró que “El Gobierno Nacional no se responsabiliza por ninguno de los mensajes que se difundieron en el denominado programa “Enlace Ciudadano”, que ratificamos no es un espacio informativo gubernamental”.

Lo mismo ocurre con las funciones del Estado. No solamente actuaron como la mujer de Julio César, sino que participaron de la orgía.

La función de Transparencia y Control Social designó al Fiscal y al Contralor anterior. Sin embargo, ninguno investigó debidamente los indicios de corrupción que se filtraban desde procesos penales suscitados en otros países. Es menester analizar si justifica el gasto que implica mantener a la función de transparencia. No solamente porque ha incumplido con sus obligaciones constitucionales contra la corrupción, sino que en este momento no dice pío. Esa podría ser una de las primeras medidas para lograr la austeridad de un Estado que gasta demasiado.

Y qué decir de la Asamblea Nacional. El juicio político no pasó del CAL, gracias a la intervención oportuna de la mayoría oficialista. Pareciera que para esos asambleístas, la lealtad es sinónimo de encubrimiento.

El gobierno anterior esperaba que se aplique algo similar a la ley del silencio u omertá que rige en la Cosa Nostra. Eso es lo que hace que Lenin Moreno haya pasado de ser el candidato aupado por el oficialismo en las recientes elecciones, a ser el blanco de la oposición de su movimiento.

El ejecutivo y la función judicial tampoco cumplieron sus fines en los últimos diez años. Estamos a la espera de su reivindicación en aras de que se sancione la corrupción, porque la mayoría de los ecuatorianos trabajamos honestamente. No aprobamos que prevalezca la cleptocracia. Eso nos hace sentir como tontos e impide el crecimiento económico. Queremos más actuaciones al estilo de Julio César y que no existan orgías financiadas con nuestros recursos públicos.