Ecuador. miércoles 20 de septiembre de 2017
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Kagamé: el ejemplo

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay

Nicolás Maduro anunció o amenazó con que será candidato en las elecciones venezolanas del próximo año.

Era previsible; se enmarca en su lógica dictatorial. Se interpreta, por parte de algunos, como un golpe de efecto para ” reafirmar” la democracia, puesto que él está diciendo que se expondrá al escrutinio público y competirá electoralmente: el tan manido como mentiroso esquema de que si hay elecciones ya hay democracia.


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Supongo que el sueño de Maduro es llegar a ser como Kagamé. Y, tal como el chavismo maneja las cosas institucionales, es posible que lo logre.

Algún lector se preguntará quién es Kagamé. Pues bien, Paul Kagamé es el actual presidente de Ruanda (África Central), quien acaba de ser reelecto por siete años. Kagamé ganó con el 98,8% de los votos (¡qué preciosura!). Es la segunda vez que lo reeligen: en el 2000 asumió la presidencia provisoriamente y hasta ahora no se ha bajado más. Fue electo en el 2003 y el 2010 y, como la constitución le impedía seguir, llamó a un referéndum vinculante para reformar la Carta, sumando un periodo más por siete años y la chance de otros dos pero por cinco años. Así que, si la salud le ayuda -tiene 59 años- puede llegar como presidente hasta el 2034. Y después se verá.

Las elecciones en Ruanda fueron el pasado 4 de marzo, pero pasaron algo desapercibidas. Fueron opacadas por la Constituyente venezolana –acto “eleccionario” de reafirmación y recertificación de la dictadura chavista, que además fuera ratificado por la propia Constituyente a poco de instalarse– y por las PASO en Argentina.

Cómo no van a soñar con ello Maduro y su comparsa. Pero no se les hace fácil. En Ruanda la cosa económica funciona bien y no se ve lo que hoy se ve en Venezuela.

Maduro, entre tantas cosas, también dice que va a convocar una cumbre en apoyo de la democracia venezolana. Esto es: en su apoyo.

¿Será en serio? O será como aquello de la aparición de Chávez encarnado en un “pajarito chiquitico” tal cual el Espíritu Santo, o lo de la recomendación que Chávez le hizo a Dios (en cuanto llegó) para que nombrara Papa al argentino Jorge Bergoglio, o aquella referencia bíblica sobre la “multiplicación de los ‘penes’”.

La credibilidad de Maduro es baja, y eso que ha remontado un poco con la manito que le dio Trump. ¡Qué dos charlatanes¡ El hecho es que ahora aquello de la invasión imperialista no es tan disparatado.

¿Serán socios Nicolás y Donald?

Evo, Correa, Lula, los Kirchner, Ortega, en tantos años y todos juntos, no han ayudado a Maduro y al régimen chavista ni cerca de como acaba de hacerlo Trump, con sus dislates y fanfarronadas de estación. ¡Qué “papa” tener a Trump de enemigo!

Pero, volviendo a lo de la cumbre, no dejaría de ser interesante que se convocara una para ver cómo ayudar al pueblo venezolano y qué hacer en función de acuerdos, convenios y organismos internacionales para terminar con la dictadura de Nicolás Maduro.

Ya de paso sería oportuno aprovecharla para encarar un debate sobre el uso, mal uso y abuso de las elecciones y de su relación con el sistema democrático. El hecho es que muchos enemigos de la democracia, que la han atacado desde todos los campos, de todas las formas y con todos los medios y que no pudieron destruirla desde afuera, sí lo han conseguido o lo están consiguiendo desde adentro; “reinsertándose”.

Vamos a ver cómo les va a las FARC. Nunca hubo tantos caballos de Troya. Por la región llegaron en manadas. Podríamos citar decenas de ejemplos, muchos al alcance de la mano y también en otros continentes (ver Kagamé). Lamentablemente hoy no basta con hacer elecciones, que han sido desvirtuadas y prostituidas en muchos lugares. Ese tipo de parodias no pueden servir para disimular o lavar la cara a dictaduras y para que se sientan eximidos de culpa multinacionales, grandes empresas e inversores y los propios gobiernos de países desarrollados y democráticos que se olvidan de ello fronteras afuera.