Ecuador. miércoles 20 de septiembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Inversión en ideas

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Uno tendría que preguntarse cómo se afianzó un gobierno como el de la última década. La respuesta es la falta de interés en el control del contenido de la educación.

Hemos dejado que la izquierda se apodere de los hechos, datos y conceptos que aprenden nuestros estudiantes. Como si aquello careciera de consecuencias.


Publicidad

Hay que realizar un autoanálisis que nos permita conocer si los actos u omisiones de cada uno de nosotros impulsaron el populismo, que en este caso, tuvo la etiqueta de socialismo del siglo XXI. Un régimen promovido por un caudillo autoritario, generador de odios, que concentró en sí el poder de todas las funciones del Estado con fines estatistas y que casi nos saca de la dolarización. Una fórmula que descalabró la economía, a pesar de haber tenido la mayor cantidad de ingresos de la historia republicana.

Es vital que las ideas de libre mercado se promuevan desde los colegios, universidades y los tanques de pensamiento. Buscar que los educandos se convenzan que el crecimiento económico en libertad es la solución.

Las ideas y las palabras de una sociedad son las que la estructuran. Por eso es vital interesarse del origen de las ideas. Siempre alguien las impulsa. Si a usted le preocupa el país, debe encontrar formas de promover las suyas.

El que las generaciones anteriores se hayan descuidado en este sentido, es lo que permite que la mayoría de la población perciba que las personas que tienen dinero, lo adquirieron cometiendo algún delito. Incluso algunos ricos se sienten culpables de su éxito. No comprenden que lograron acumular dinero gracias al libre mercado. Su remordimiento hace que financien a los partidos de izquierda.

No es el mismo caso de los que se acomodaron con el socialismo del siglo XXI: los sabidos. Aquellos que prestaron aviones o solicitaron al gobierno la imposición de salvaguardias, para privilegiar sus negocios en perjuicio de la mayoría. Las salvaguardias restaron poder adquisitivo al ciudadano y competitividad al país. Tan pronto fueron desmontadas y se redujo el IVA, la economía comenzó a crecer levemente.

El liberal no es un conservador, es un rebelde. No está a favor de los empresarios, sino del libre comercio. Hay que propender a crear un ecosistema de empresas legítimas. Favorecer a la honestidad. Que las compañías compitan equitativamente para justificar su existencia en el mercado.

Una sociedad justa es aquella que se preocupa por todos. Especialmente por los marginados. Hay que sacar a los pobres de la pobreza, no porque exista la posibilidad de que se conviertan en comunistas, sino porque es lo moral.

¿Cómo se logra eso? Preocupándose por los olvidados. Evitando que el Estado dilapide y sea corrupto bajo el manto de complicidad de todas las funciones del Estado.

Es imperativo delegar a las empresas privadas la prestación de servicios y construcción de infraestructura, para que el gobierno pueda encargarse de los más desprotegidos de la sociedad. Educando a las personas en favor del camino del crecimiento económico para que no le paren bola a cualquier loco que venda mitos utópicos desde la comodidad de áticos europeos.