Ecuador. lunes 25 de septiembre de 2017
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Acorralados

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

Durante la campaña, el ahora presidente Lenín Moreno no habló de llamar a una consulta popular para reformar la Constitución y menos para eliminar la reelección vitalicia.

De hecho, en la segunda vuelta únicamente el candidato Guillermo Lasso hizo de la consulta y reforma constitucional un tema clave. Debe recordarse que meses atrás el Consejo Nacional Electoral les había bloqueado a este último y a otras organizaciones sociales el derecho a recoger firmas para someter a consulta precisamente el asunto de la reelección vitalicia.


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Es ahora en el poder que el presidente Moreno habría descubierto las bondades, reales o supuestas, de convocar a una consulta para reformar la Constitución. Es lo primero que llama la atención. ¿Qué sucedió entre el proceso electoral, durante el cual el candidato Moreno ignoró estos temas, y ahora? Si queremos darle el beneficio de la duda –algo que ya mucha gente no está dispuesta a seguir concediéndoselo–, podría decirse que una vez en el poder Moreno habría caído en cuenta de las dimensiones gigantescas del saqueo de los fondos públicos por la mafia que gobernó el país durante los últimos años y de la profunda crisis económica que heredó, así como del hecho de que esa mafia sigue controlando importantes parcelas del poder. Y lo más grave: que la bancada oficialista, o una parte importante de ella, está todavía al servicio de la camarilla que saqueó las arcas fiscales y se ha convertido en su principal oposición. Su dedicación a tiempo completo –con sueldo, viáticos y papel higiénico pagados por los ecuatorianos– para encubrir los robos del pasado y evitar toda fiscalización es increíble.

De ganar la consulta, Moreno consolidaría su legitimidad en una especie de tercera vuelta en la que su antecesor no podría adjudicarse para él los votos favorables. Para comenzar, el capo di tuti capi no está en el país; tan ocupado está destilando amargura arriba en el ático, protegiendo a la mafia a control remoto y coordinando la oposición con el financiamiento de la Cancillería.

La consulta popular para reformar la Constitución constituiría, así, una llave que Moreno usaría para salir del acorralamiento en el que se encuentra, y enfrentar –si tiene tiempo– la crisis económica. Y hasta cierto punto, es comprensible que busque una puerta de escape; debe serle difícil ciertamente gobernar a la sombra de tanto gánster. La cuestión es que los problemas del país son más grandes y complejos que los de Moreno. Si él está acorralado políticamente, el Ecuador lo está más aún, tanto constitucional como estructuralmente. Por ello, la ciudadanía reclama cambios más profundos, debatidos democráticamente, que los que puedan lograrse mediante una consulta elaborada desde el poder con unas preguntas aquí y allá –por muy importantes que sean–, y que luego quién sabe cómo se implementarían. (Por ejemplo, con qué se reemplazaría el sistema de designación de autoridades de control y cortes…).

Es por ello por lo que la convocatoria a una Constituyente –o un mecanismo similar– sigue siendo vital, al margen de cualquier consulta. (O)