Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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¡Viva Cataluña libre!

Jesús Ruiz Nestosa
Madrid, España

El pensamiento autoritario no es de izquierdas ni de derechas.

Lo notable es que ese pensamiento venga de un lado o de otro, es uno solo, idéntico a sí mismo que echa mano al mismo discurso y a los mismos métodos. No hay ninguna diferencia. Esto se puede ver en estos días en España donde Cataluña se encuentra convulsionada por un movimiento independentista encabezado por sus autoridades. La manera en que ellas están procediendo es un calco fiel de lo que ocurrió en mi país, Paraguay, meses atrás, cuando se trató de enmendar la Constitución para permitirle al actual presidente, Horacio Cartes, a repetir un periodo más lo que está expresamente prohibido por ella, que establece que “en ningún caso” se puede ir a la reelección.


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La situación que se está dando en estos días en Cataluña es interesante de analizar, ya que, por razones de distancia, se puede mantener una cierta objetividad. Por otro lado, también tiene interés el ver de qué manera funciona un sistema democrático con instituciones fuertes y la eficiencia de una separación de poderes real que no duda en actuar, incluso en contra de su propio poder ejecutivo y ordenar la detención de aquellos que, a juicio de los tribunales, están violando la ley.

En Cataluña existe un fuerte movimiento independentista cuyos ánimos han sido exaltados por un grupo de políticos que han visto la posibilidad de eludir las investigaciones que se puedan llevar (muchas se han llevado ya) a cabo por casos de corrupción. Echándole la culpa al gobierno central de Madrid de todos los problemas y padecimientos de esa autonomía, recurrieron a un repertorio de argumentos muy emotivos, sin importarles si son ciertos o no. Decir que España le roba a Cataluña es igual al utilizado en Inglaterra con motivo del Brexit diciendo que Europa le roba al Reino Unido 350 millones de euros semanales, argumento que se diluyó en la nada apenas ganaron los partidarios de sacar al país de la Unión Europea.

Los independentistas catalanes esgrimen la idea de “que el pueblo decida”, al igual que sucedió en Paraguay meses atrás, y han convocado a un referéndum declarado ilegal por los tribunales, que puede tener todos los elementos que se deseen, menos el de la claridad. No hay padrones hechos por autoridad competente, no se establece qué porcentaje del censo electoral debe votar para que la consulta tenga visos de legalidad, de modo que sea cual sea el número de votantes, bastará un solo voto de diferencia para que la independencia sea proclamada al día siguiente. Para ello han cambiado el Estatut de Cataluña (correspondiente a una Constitución), en una sesión del Congreso en la que los miembros de la oposición no tuvieron oportunidad de opinar, ni de discutir lo que se estaba haciendo, con lo que la aprobación de todos estos cambios se hizo en un salón de sesiones semivacío.

El presidente de la Generalitat (gobierno catalán), Carles Puigdemont, dijo que el referéndum del próximo 1 de octubre servirá para “defender la democracia” en Cataluña. Sin embargo, el partido de la CUP, una agrupación antisistema, anticapitalista, antieuropeísta, antiespañola, antiimperialista, que es la que le da, con sus diez votos, legitimidad a este gobierno, ha llenado la ciudad con carteles en los que aparecen las fotografías de los alcaldes y concejales que no están de acuerdo con el referéndum. ¿Qué clase de democracia defienden, entonces, si no se permite el disenso y, además, alientan la persecución de quienes piensan de manera diferente?

En las manifestaciones de protesta que se realizan en las calles de Barcelona, se ve gente con carteles que dicen: “Vota para ser libre”. ¿Libre de qué cuando es el propio gobierno catalán el que está promoviendo la creación de una ciudadanía de primera (los independentistas) y de segunda (los que no la quieren)?

Hay gente que ya ha sido detenida acusada de sedición por orden de jueces catalanes. A los pocos minutos Pablo Iglesias, fundador del partido Podemos, de izquierda, bien de izquierda, protestó diciendo que son presos políticos. Sin embargo, desde hace tiempo sus oponentes políticos están procurando, sin conseguirlo, que condene la existencia de presos políticos –y los hay por miles– en Venezuela. Pero a no olvidarlo, el único país, en todo el mundo, que le ha dado su apoyo a los independentistas, ha sido ¡Nicolás Maduro! Dios los cría…