Ecuador. domingo 19 de noviembre de 2017
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Rábulas espantan inversión

Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

En la firma del reciente “Acuerdo Nacional por la Producción y Empleo”, el presidente Moreno dijo “que el sector productivo privado no puede generar riqueza por sí solo” y que “es importante establecer políticas públicas que… …fortalezcan los procesos productivos”.

Recuerdo, a propósito de eso, que en mayo de 2014 se dictó una ley reformando el mercado de valores, uno de cuyos objetivos era que las empresas se financien por fuera del sistema bancario, acudiendo a pequeños inversionistas que decidieran “canalizar sus ahorros a este mercado, obteniendo mejor rendimiento por su dinero”. Se agregaba que este “puede ser el mecanismo ideal para democratizar la propiedad de las empresas”, pues “se promoverá el ahorro individual… …fomentando una inversión a largo plazo y segura para los ciudadanos”.


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Ese intento ha fracasado. Entre las causas, está el riesgo de que las inversiones en acciones no sean tan “seguras”, como en el discurso se proclamaba, debido a actuaciones abusivas de empleados públicos que, torciendo hasta la letra de otra ley, de 2012, persiguen por (reales o supuestas) deudas con el Estado a los accionistas de cualquier compañía, inclusive a los minoritarios hostiles o a los que han comprado unas pocas acciones en bolsa, como si alguna parte de la antedicha ley dijese esa barbaridad.

El asunto es simple: difícilmente alguien quiere invertir en el capital de una compañía si está expuesto a que, solo por eso, de un plumazo se lo haga responsable de las deudas.

Semejante esperpento puede ser resuelto de inmediato por el propio presidente Moreno, si en verdad quiere generar confianza, que promueva la inversión y el consecuente empleo. Basta una orden suya que, primero, reitere que, según esa ley de 2012, a los accionistas no se les puede cobrar las deudas de una compañía, salvo en los casos en que esta haya sido usada como pantalla para defraudar (y además solo subsidiariamente, esto es, si los bienes de la compañía no alcanzan para pagar); y segundo, disponiendo la inmediata remoción de los rábulas que actúen en contrario.