Ecuador. viernes 17 de noviembre de 2017
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Ustedes

  Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Algunas personas manifiestan que el sector productivo debe contribuir más para financiar al sector público improductivo.

Para hacer esta sugerencia, utilizan la palabra “ustedes”, cuando lo acertado es emplear el pronombre “nosotros”; porque si incrementan el impuesto a la renta, las tasas y los aranceles a las importaciones, somos “todos” los que vamos a sufrir el encarecimiento de los precios y la pérdida del poder adquisitivo.  Evitar esto no debería ser una solicitud del sector productivo, sino de la sociedad civil en su conjunto.


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Para mejorar nuestra calidad de vida es innecesario restringir el libre comercio o dejar de importar.  Los importadores son comerciantes que nos ayudan de varias maneras.  Primero, pagan impuestos que mantienen al sector público.  Segundo, junto a todos los comerciantes, son los principales generadores de empleo adecuado.  Tercero, traen todos los productos que no se fabrican aquí para que los podamos usar. Cuarto, ingresan al país los bienes de capital y materias primas necesarios para fabricar productos en el Ecuador.  En definitiva, cumplen funciones vitales.

La solución es que el gobierno no gaste más de lo que le ingresa.  El sector empresarial tiene la obligación de producir, competir y crear empleo adecuado.  Los funcionarios públicos, la de equilibrar las finanzas estatales y servir a los más desprotegidos de la sociedad.

El sector público ha fracasado en cumplir sus obligaciones, mientras que el privado ha sacado un PhD en ñeque para sobrevivir la última década.  Porque el socialismo del siglo XXI complicó enormemente las reglas para producir.  En cambio, el sector público paga más en deuda externa, que en educación y salud juntas.  Por esa vía sí se van las divisas.

Cuando alguien importa, además de ofrecer un servicio a la comunidad, no desequilibra balanza alguna.  Paga el precio y además genera riqueza.  Por ejemplo: un importador compra a un dólar la mercadería a su proveedor en el exterior, paga costos (energía, fletes, obligaciones laborales, préstamos, publicidad, etcétera) y vende a un dólar noventa centavos. Eso le permite crecer, pagar más impuestos y emplear a más personas en forma sustentable.

Es así que el mercado se regula solo.  Se importa cuando hay clientes que requieren el producto.  Caso contrario no se importa.  No existen dementes en el comercio que importen sin que exista la demanda.

El gobierno exige sacrificio pero no está dispuesto a administrar mejor la mayor cantidad de ingresos públicos de la historia republicana, ni a reducir sus gastos improductivos o delegar la prestación de servicios públicos al sector privado.  Incluso nos endeuda más, enviando dólares al extranjero sin crear riqueza en el Ecuador.  Sus necesidades de deudas este año son aproximadamente 13.755 millones de dólares.

Ecuador ocupa el puesto 136 entre 137 países del mundo en la categoría de predominio de barreras arancelarias que restringen el comercio.  Solamente estamos mejor que Mauritania en ese componente del índice de competitividad 2017-2018 elaborado por Foro Económico Mundial.

Incrementar tasas y aranceles a las importaciones nos catapultarían al dudoso honor de ser el país que tiene más barreras arancelarias que restringen el comercio y constituiría  un instrumento discriminatorio que encubriría una traba al comercio exterior, de conformidad con nuestros compromisos asumidos en el marco de la Organización Mundial de Comercio. 

Este índice muestra que los países que tienen libre mercado, menos tramitología, reglas claras a largo plazo, menos impuestos y una función judicial independiente son a los que mejor les va.

No es que el SRI, la SENAE y el equipo económico, que fueron los cocineros de la “mesa servida”, ignoren esto, sino que no les interesa mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos.  Lo consecuente es dar un paso al costado, porque más de lo mismo obtendrá resultados similares.

Este no es un tema que afecte solamente al sector productivo, sino a todos.  A menos que a usted esté dispuesto a pagar, en dólares, los precios más altos por los productos y servicios que se ofrecen en el país, gracias a la visión del equipo económico de la última década.