Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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La Isla de la Plata

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Aprovechando el feriado de la independencia de Guayaquil, fui a bucear a la Isla de la Plata.

Teníamos que zarpar desde Puerto López, así es que llegamos a dormir en Olón en la hostería Cuna Luna el sábado 7 de octubre.


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Al día siguiente, partí temprano para Manabí y arribé con la anticipación suficiente para desayunar lo que más me gusta antes de bucear en Ecuador: dos sánduches mixtos, un batido de tomate de árbol y un café. Todo eso en una choza en la playa. En pantalón de baño, chompa y sin zapatos. Como debe de ser.

Los buzos fueron apareciendo poco a poco en Exploramar Diving. Nos fuimos conociendo. La mayoría eran quiteños. De hecho, era el único guayaquileño. Pronto nos hicimos amigos. El tener un interés común, elimina los diferentes antecedentes. En el buceo, las personas terminan sin disfraces. Después de todo, en el bote es imposible ocultar algo. Nos tenemos que sacar casi toda la ropa para ponernos los equipos de buceo y apoyarnos para que las inmersiones salgan bien.

Fui sin expectativas. Solamente quería bucear y vivir la experiencia que implica ser parte de la comunidad de buceo: bromas e historias durante todo el trayecto en el bote.

La época de ballenas jorobadas y mantarayas gigantes es desde julio hasta septiembre. No obstante eso, tan pronto recalamos en la isla después de una hora de navegación, avistamos dos ballenas cerca y varias saltando a lo lejos. Su majestuosidad gigante nos ubicó en nuestro lugar dentro de la naturaleza. Lo mismo ocurrió durante el regreso a Puerto López.

Mientras navegamos al lugar de buceo, también observamos tortugas marinas en la superficie, piqueros patas azules y rojas, albatros, fragatas y pelicanos.

Todo esto me animaba cada vez más y al poco tiempo de habernos sumergido tuvimos un encuentro con dos mantarayas gigantes. Son animales tremendamente inteligentes que buscan contactarse con los buzos.

En el siguiente buceo vimos dos mantarayas más junto con una tortuga, además de varias escuelas de peces. Los colores de la flora y fauna a 80 pies de profundidad seguían siendo majestuosos.

Escribo esto porque muchos ecuatorianos ignoran que en la Isla de la Plata se encuentra la mayor concentración de mantarayas del mundo o que este espectáculo submarino que acabo de describir es común.

En el globo, existen pocos paraísos de buceo de calidad similar y en cierta manera, después de décadas de bucear allí, me alegro que siga siendo un tesoro protegido por el Parque Nacional Machalilla.

El lugar tiene leyendas. La más llamativa es que sir Francis Drake y otros corsarios escondían allí los botines arrebatados en alta mar, además de ser un lugar donde carenaban sus embarcaciones.

En diferentes épocas, varios arqueólogos, entre los que destacan George Dorsey, Francisco Huerta Rendón, Emilio Estrada Icaza y Presley Norton, encontraron en la isla vestigios de la cultura de Bahía de Caráquez.

En definitiva, la Isla de la Plata ofrece un paraíso para el turismo, que ese feriado, me hizo feliz.

De ninguna manera es el “Galápagos de los Pobres” como se lo ha denominado con la comicidad que tenemos los ecuatorianos en todos los aspectos de nuestras vidas. Es uno más de los maravillosos paisajes que el Ecuador tiene para ofrecer si creamos el ambiente de negocios adecuado.