Ecuador, Sábado 26 de julio de 2014
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Los ecuatorianos se preparan para quemar el “año viejo”

Con sátira y alegría, laboriosos artesanos preparan monigotes de cartón y aserrín que serán incinerados por los ecuatorianos la medianoche del 31 de diciembre para despedir al ‘Año viejo’ y como símbolo de purificación para recibir al 2012.

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Los monigotes, llamados “años viejos” o simplemente “viejos” representan al año que termina, pero no sólo eso, sino también las frustraciones o experiencias negativas que ha dejado el 2011.

Por eso, la preparación de esta celebración es tan importante para los ecuatorianos, cuya tradición se remonta a finales del siglo XIX.

Ataviados con ropas viejas y rellenos de aserrín, los monigotes son adornados con caretas de cartón de personajes políticos nacionales o extranjeros, los que más han llamado la atención durante el año que termina.

En esta ocasión, los “viejos” con mayor demanda son los del presidente del país, Rafael Correa, y del alcalde de Quito, Augusto Barrera, indicó Gladys Murillo, de la Asociación de vendedores ’31 de diciembre’, que ofrece sus productos en una céntrica calle capitalina.

También hay monigotes con las imágenes de personajes extranjeros, como el presidente estadounidense, Barack Obama, o del ya fallecido Osama Bin Laden, exlíder del grupo terrorista Al Qaeda.

Tampoco escapan a la sátira popular otros protagonistas de la farándula y personajes de la series animadas de televisión, a los que prefieren los más chicos.

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Murillo también destaca la gran demanda de pelucas y atuendos para vestir a las “viudas” que custodiarán a los “viejos” en sus últimas horas antes de enfrentarse al fuego.

Las “viudas”, en esta celebración, son hombres que la nochevieja se disfrazan de mujeres para pedir a los transeúntes o conductores “limosnas” para pagar el funeral del “año viejo”.

Por eso también salen a la venta prótesis de exhuberantes bustos o glúteos, que las “viudas” se colocan para seducir a los paseantes.

Una infinidad de pelucas también se ofrecen en los quioscos de venta de monigotes, así como antifaces y otras prendas para la celebración, que en algunos lugares de la ciudad se suele convertir en un verdadero carnaval.

En los barrios y entre las familias también ha empezado la elaboración de los “testamentos”, que los “viejos” dejarán de herencia a los vivos; sobre todo son consejos para que la gente no tropiece en el año venidero con las frustraciones que dejó el 2011.

Pocos minutos antes de la medianoche del 31, los monigotes arderán en el fuego, y con ello los ecuatorianos creen que se quemarán también los malos pensamientos, aunque lo que queda al final son los escombros desperdigados por las calles.

La conciencia ecológica ha obligado a muchos artesanos a no usar aserrín, sino papel, al que consideran “menos contaminante”.

Incluso, Carmen Pillajo, otra vendedora, ofrece unos “mini-viejos”, de apenas diez centímetros de alto, que la gente podría quemarlos en sus propias casas y así “contribuir con el ambiente”.

Lo cierto es que la mayoría de ecuatorianos, en casi todas las ciudades del país, quemarán los “viejos” como manda la tradición.

Según algunos historiadores, la quema del “año viejo” en Ecuador se remonta a 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó a la población, sobre todo en Guayaquil.

Esa versión asegura que, como medida sanitaria, se confeccionaron atados de paja, a los que se les arropaba con prendas que pertenecían a los fallecidos con la enfermedad y que se quemaban en las calles el último día del año para ahuyentar la epidemia.

La celebración actual ha llevado el ingenio a niveles superiores y en Guayaquil, por ejemplo, se pueden observar monigotes gigantes, mientras que en Quito se ha organizado un concurso de años viejos en una calle muy concurrida del centro comercial de la ciudad.

En algunos barrios aún subsiste la costumbre de construir un pequeño portal, con ramas de eucalipto, que será la última morada del “viejo”, al que también se le adorna con cartulinas escritas con frases satíricas del acontecer político nacional.

Después de la quema de los “años viejos” todos van a sus casas para compartir una cena con sus familias, donde también se suelen efectuar algunas cábalas del fin de año. EFE