Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Segunda fumata negra

CIUDAD DEL VATICANO (AP) — El humo negro volvió a asomar el miércoles por la chimenea de la Capilla Sixtina, anunciando que la Iglesia Católica sigue sin nuevo papa.


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Los 115 cardenales votaron por segundo día de cónclave en sesión matutina y, al igual que el martes, una segunda fumata negra indicó que sigue sin haber acuerdo y que ninguno de los candidatos reunió los 77 votos necesarios.

Se espera otra fumata por la tarde hora local con el resultado de las nuevas votaciones. Solo si fuera blanca significaría que hay un papa electo.

Las puertas de la Capilla Sixtina siguen cerradas a cal y canto y los cardenales no tienen contacto con el mundo exterior. Pero la prensa italiana sigue considerando al brasileño Odilo Scherer y el italiano Angelo Scola como los grandes favoritos.

Sin embargo, el prestigioso diario El Corriere della Sera informó el miércoles que el mexicano Francisco Robles Ortega, cardenal de Guadalajara, podría ser el tercer gran candidato en discordia si Scherer y Scola no consiguen acercarse a la mayoría.

Robles Ortega, de 64 años, es el presidente de la Conferencia Episcopal de México, fue nombrado cardenal por Benedicto XVI en 2007.

San Pedro. Foto AP/Emilio Morenatti

Decenas de curiosos y fieles rezando se congregaron desde primera hora en la Plaza de San Pedro del Vaticano a pesar de la fuerte lluvia que ha caído sobre Roma estos días.

La renuncia de Benedicto XVI, la primera de un papa en 600 años, parece haber sacudido los cimientos de la Iglesia y no parece existir un consenso claro entre los cardenales sobre si el futuro pontífice debe ser un gestor que ponga orden en el Vaticano o un pastor carismático capaz de inspirar a los fieles en tiempos de crisis.

Durante más de una semana, las congregaciones de cardenales evaluaron a puerta cerrada la situación de la Iglesia con el objetivo de hacerse una idea bien formada del perfil que necesita el nuevo papa, pero los debates terminaron entre dudas y cuestiones sin resolver.

Las finanzas de la Santa Sede, en particular de la banca vaticana, han quedado en entredicho por supuestas acusaciones de corrupción.

Este asunto, unido al famoso caso Vatileaks, el informe redactado por tres cardenales sobre la filtración de documentos confidenciales de Benedicto XVI, ha marcado las reuniones previas al cónclave.