Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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La Sala Capitular del convento San Agustín de Quito recupera su esplendor

Vista de la Sala Capitular del convento San Agustín, una restauración que duró casi un año y en la que se invirtieron más de 360.000 dólares, presentada hoy, martes 2 de septiembre de 2014, en Quito (Ecuador), por parte del Municipio de Quito y la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). EFE/José Jácome

Quito, 2 sep (EFE).- La Sala Capitular del convento San Agustín de Quito, una joya colonial donde en 1809 se firmó el acta del Primer Grito de Independencia de Ecuador, fue presentada hoy tras una restauración que costó más de 360.000 dólares.


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La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Municipio de Quito, a través de Instituto Metropolitano de Patrimonio, cofinanciaron un proceso de casi un año de duración que ha devuelto todo su esplendor a la sala.

Fuentes de AECID indicaron a Efe que la restauración integral de la Sala Capitular abarcó el artesonado, el retablo y las esculturas, la pintura mural, la de caballete, la sillería, la tribuna, la mesa, los marcos y textiles de ese espacio histórico.

El trabajo incluyó también el saneamiento de humedades en las criptas y la instalación de un nuevo sistema de iluminación y sonido, según la agencia de noticias del Municipio.

“La Sala Capitular luce hoy como en sus mejores épocas, en este espacio con un gran valor patrimonial e histórico para los ecuatorianos se consagraron los principios de libertad, respeto, independencia y democracia, expresados en el Acta de Independencia suscrita por los patriotas quiteños el 16 de agosto de 1809, que ratificó el Primer Grito de la Independencia”, señala el Municipio.

En la restauración integral de la Sala Capitular trabajó un equipo técnico de 25 personas, compuesto por arquitectos, ingenieros, restauradores, auxiliares de restauración, carpinteros, técnicos de supervisión, talladores y obreros.

La Sala Capitular esta ubicada en el corredor oriental y, con 22,5 metros de largo, 7 metros de ancho y 6 metros de alto, es la habitación más grande del convento, situado en el centro histórico de Quito, catalogado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

La sillería, trabajada en madera de cedro negro al natural y de estilo barroco español, se distribuye alrededor de la sala, que tiene capacidad de acoger a unas 150 personas.

Según los agustinos, antes de su inauguración, la sala fue utilizada como Aula Magna de la Universidad de San Fulgencio y después se empleó para los Capítulos o reuniones en donde se organizaba el plan de acción comunitaria y elección de los responsables de su ejecución, que se realizaban cada 3 ó 4 años.

El 16 de Agosto de 1809 se permitió la entrada de personas seglares para firmar las actas de independencia en las instalaciones del convento, en cuya cripta fueron depositados los cuerpos de los patriotas tras la masacre del 2 de agosto de 1810.

La sala tiene un artesonado de estilo mudéjar del cual penden unas representaciones del fruto del pino, posee decoraciones florales y está compuesto de 48 lienzos anónimos trabajados en el siglo XVIII, que conservan la coloración oscura característica de la Escuela Quiteña, según los agustinos.

Estos lienzos representan a santos y mártires de la orden agustina presentando hombres y mujeres por separado.

La intervención -aún en marcha- en el Convento San Agustín, en la que se ha invertido más de un millón de dólares, inició en 2010 con la implementación de un taller para la restauración de las pinturas de Miguel de Santiago, la restauración del artesonado, la rehabilitación del refectorio hoy convertido en salón de uso múltiple. EFE