Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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En Saraguro, en el sur de Ecuador, la Navidad indígena huele a solidaridad

Nacimiento en el Panecillo, Centro de Quito. Foto de Archivo, La República.

Quito, 23 dic (EFE).- Saraguro es una ciudad indígena enclavada en los Andes del sur de Ecuador donde la Navidad refleja el sincretismo entre el nacimiento de Jesús y la época de la germinación de las semillas, en una fiesta que huele a solidaridad y reciprocidad.


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Esta comunidad se ha resistido a la entrada del árbol navideño y de “Papá Noél”, así como al consumismo que supone el intercambio de regalos entre familiares y allegados, costumbre muy extendida en el resto del país.

“La gente trae comida y bebida para compartir entre todos” y se crea “un espacio de reciprocidad entre las comunidades” que rodean la ciudad, comentó a Efe Luis Macas, un dirigente de Saraguro que hace algunos años fue el líder máximo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie).

La fiesta tiene relación con el solsticio de invierno, que sucede el 21 de diciembre, y se mantiene como celebración hasta el 28 de este mes.

“Se comparte mucho dulce, de caña, entre los niños”, pero también platos tradicionales elaborados, sobre todo, con base en el maíz, como los tamales, porque “esta es la tierra del maíz”, añadió Macas al referir que la Navidad en su pueblo tiene una significación “cósmica, porque va más allá del hombre”.

“Se trata de esa comunión con la naturaleza, con la espiritualidad andina”, pero que recoge también la figura del Niño Jesús, agregó.

El personaje principal de la fiesta en Saraguro es el “markantaita” o “jefe padre”, en quichua, escogido de entre los miembros de la comunidad y en cuyo hogar permanece la figura del Niño Jesús hasta el día 25, una imagen facilitada por la Iglesia principal de la ciudad.

Los niños, que representan el 60 por ciento de los miles de indígenas que se encuentran en Saraguro, son los que gozan con la celebración, pues son ellos los que reciben las mejores atenciones.

Se organizan juegos, danzas, desfiles, declamaciones en idioma quichua, actividades que se entremezclan con los rezos católicos, aunque siempre “está presente el principio de reciprocidad y solidaridad”, remarcó Macas.

Esta celebración, apuntó, proviene de una celebración ancestral denominada “Kapac Raimy”, anterior a la conquista española, donde intervienen personajes de la cosmovisión indígena como los “wikis”, que son personas disfrazadas de entre seres humanos y elementos de la naturaleza.

También los “aja”, con vestimenta española que, según Macas, parece ser una “mofa a la conquista”.

“Mañana (en Navidad) habrán varias mesas” con comida en la casa del “markantaita” para que “todos se sienten a compartir los alimentos y bebidas que han traído para celebrar la Navidad”, agregó al mencionar que el menú incluye “sopa de quinua (una gramínea andina)” y arroz cocido acompañado de patatas y queso.

Y mientras en Saraguro la Navidad se celebra en medio de la sencillez y la espiritualidad, en el resto de Ecuador el frenesí del comercio acapara la actividad ciudadana, centrada en la compra de regalos de última hora y la preparación de la cena de Nochebuena.

Las calles, centros comerciales y terminales de autobuses lucen en esta época abarrotadas de gente y los restaurantes ultiman sus preparativos para acoger a clientes en la cena.

Mucha gente aprovechará el puente festivo, entre el jueves y domingo, para visitar a familiares en el interior del país o acudir a centros turísticos, especialmente las playas.

Sin embargo, la mayoría de ecuatorianos celebrarán en familia la Navidad, por lo que se aprecian a simple vista los árboles decorados con guirnaldas y luces de colores que lucen cerca de los ventanales de las viviendas.

En el Panecillo, un pequeño cerro ubicado en el centro de Quito, un pesebre gigante edificado por Ayuntamiento capitalino con tubos de metal y adornado por más de 60.000 pequeñas luces de colores, resplandece en la noche y ya se ha convertido en un icono de la ciudad en esta época. EFE