Ecuador. Jueves 19 de enero de 2017
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Gran victoria de oposición venezolana derriba temor a fraude

El congresista opositor recién elegido Jorge Millán, en el centro, sostiene sus credenciales tras recibirlas del Consejo Nacional Electoral (CNE) en Caracas, Venezuela, el miércoles 9 de diciembre de 2015. (AP Foto/Fernando Llano)

CARACAS, Venezuela (AP) — Es uno de los argumentos favoritos de la oposición: que el gobierno socialista de Venezuela es una dictadura que no se detendrá ante nada para mantenerse en el poder.

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Pero cuando llegó la hora de la verdad, el presidente Nicolás Maduro demostró que los críticos se equivocaban al temer que iba a cometer un fraude electoral. Aceptó una abrumadora derrota en las elecciones legislativas que, señaló, deben eliminar toda duda sobre la naturaleza democrática de la “revolución bolivariana” comenzada por el fallecido Hugo Chávez.

En los últimos días antes de las elecciones del domingo, el Departamento de Estado de Estados Unidos hizo eco de la opinión de muchos opositores venezolanos al advertir sobre los esfuerzos de Maduro para desnivelar el campo de juego a favor del gobierno al encarcelar o vetar la candidatura de opositores destacados, intimidar a votantes y mantener fuera a la mayoría de los observadores electorales extranjeros. La favorita a la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, fue aún más firme al acusar a Maduro de intentar “amañar” los resultados.

Aunque muchas de esas críticas aún se mantienen, las advertencias sobre fraude electoral quedaron en el aire. La coalición opositora Mesa de Unidad Democrática consiguió una mayoría calificada de dos tercios por sólo un escaño, y superó así incluso las predicciones electorales más optimistas de parte de los opositores.

Maduro reconoció rápidamente los resultados y pidió calma a sus seguidores, aunque en los días previos a la derrota había endurecido su posición. El miércoles, ante decenas de seguidores reunidos para una “asamblea popular” cerca del palacio presidencial, el mandatario dijo que combatiría los planes de reforma de un Congreso “burgués” y protegería a los trabajadores del capitalismo.

Sus rivales dicen que dada la magnitud de la derrota, la oposición arrasó incluso en la barriada donde están enterrados los restos de Chávez, el gobierno no tenía alternativa. Los votantes están hartos de una rampante delincuencia, una inflación de tres dígitos y un generalizado desabastecimiento de productos básicos. Las encuestas pronosticaban la victoria de la oposición desde hacía meses.

“Meter la idea que en Venezuela las elecciones son transparentes y todo funciona bien, eso es una gran falsedad”, dijo a The Associated Press el gobernador Henrique Capriles, que en un principio cuestionó su ajustada derrota ante Maduro en las presidenciales de 2013. “El problema para el gobierno el domingo es que la brecha era tan grande que no había forma de arrebatarle la elección”.

Pero el gobierno siempre se ha enorgullecido de tener uno de los sistemas electorales menos sujetos a fraude del planeta, y que el ex presidente estadounidense Jimmy Carter describió en 2012 como “el mejor del mundo”.

Venezuela es uno de los pocos países donde el sufragio es electrónico al 100%, y pese a un considerable escrutinio no hay evidencias creíbles de que las máquinas en sí mismas estuvieran alteradas. La mejor prueba se produjo el martes cuando las autoridades indicaron que la última carrera por decidir, que dio a la oposición suficientes escaños para cambiar la Constitución y desafiar el gobierno de Maduro, se decidió por un margen de diferencia de 82 votos.

Desde la derrota de la semana pasada, la televisora estatal ha mostrado declaraciones de miembros del gobierno celebrando los comicios como un triunfo de la democracia.

La oposición opina que es un intento del gobierno por distraer la atención de la magnitud de su derrota y de los esfuerzos del bando contrario por impedir el fraude.

Después de la derrota de Capriles ante Maduro en 2013, por menos de 250.000 votos en una elección, muchos opositores vieron la necesidad de mejorar su campaña para competir con la bien aceitada maquinaria del gobierno.

En los meses previos a las elecciones un ejército de voluntarios, jóvenes en su mayoría, recorrió el país haciéndole campaña a los candidatos opositores y a formar a los observadores electorales de la MUD y así asegurar que el conteo de votos se hiciera de manera correcta.

Al final, este esfuerzo, de carácter nacional, no pudo haber sido necesario, dijo Humberto Villalobos, que organizó una campaña para conseguir votos llamado Proyecto Canta Claro, que envió a unos 5.000 activistas pagados a 36 estados en disputa donde la oposición creyó identificar patrones de votación anormales en comicios anteriores.

“No hubo una oposición importante por parte del gobierno como estamos acostumbrados”, dijo. “Se siente realmente una debilidad de las bases del gobierno“.

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