Ecuador. Miércoles 28 de septiembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

La crisis de refugiados en Europa persiste a pesar de esfuerzos

Refugiados cruzan la frontera con Hungría cerca de Horgos. EFE/Sandor Ujvari

BERLÍN (AP) — Luego de la llegada de más de un millón de refugiados y solicitantes de asilo a través del Mediterráneo el año pasado, los países europeos endurecieron sus controles fronterizos, establecieron patrullas marítimas para frenar a los contrabandistas de personas, negociaron un acuerdo con Turquía para limitar el número de llegadas, cerraron la ruta de los Balcanes empleada por miles e intentaron acelerar las deportaciones de solicitantes de asilo rechazados, pero todavía hay muchas cuestiones abiertas.

Publicidad

Las naciones europeas siguen enfrentadas por el reparto de los recién llegados entre los países comunitarios y los motivos que provocaron la histórica migración a Europa — como la implacable guerra civil en Siria — siguen sin resolver.

En total, 2.901 personas fallecieron o desaparecieron cruzando el mar Mediterráneo en los seis primero meses de 2016, la mayoría en la peligrosa ruta marítima hasta Italia: un 37% más que en el mismo periodo del año anterior, dijo la Organización Internacional para las Migraciones.

A continuación, un vistazo a la situación en los países clave:

TURQUÍA

Turquía acoge a unos tres millones de refugiados, de los que más de 2,7 millones son sirios. La mayoría no tiene apoyo del gobierno, pero el acuerdo con la Unión Europea dice que el bloque proveerá hasta 6.000 de euros (6.800 millones de dólares) para ayudar a los refugiados en el país.

El acuerdo contempla también que por cada refugiado sirio que llegue de forma irregular a Grecia y sea deportado a suelo turco, la UE reubicará a un sirio en territorio comunitario. Por el momento, el programa ha reubicado a solo 1.152 personas, más de la mitad de ellas en Alemania o Suiza.

GRECIA

El número de migrantes que llegan a Grecia se redujo drásticamente desde la entrada en vigor del pacto con Ankara el pasado marzo, pero varios miles de personas siguen cubriendo el trayecto con éxito, unas 160.000 personas en la primera mitad del año.

Más de 58.000 personas siguen varadas en el país, que enfrenta serios problemas económicos, la mayoría con la esperanza de seguir su viaje al norte, a países como Alemania o Suecia. La mayoría de los afectados ha solicitado el asilo, con la esperanza de ser reubicados en el bloque, pero el programa avanza muy lento y enfrenta una férrea resistencia de los países del centro y el este del continente.

Por el momento se ha realojado a alrededor de 4.400 personas desde el sur de Europa en base a un plan que se suponía afectaría a 160.000 personas en dos años, hasta septiembre de 2017, pero Bruselas no tiene mucho que hacer para obligar a los países a cumplir con la orden.

Las nuevas llegadas son ahora insignificantes con respecto a 2015, pero se han incrementado desde el intento de golpe de Estado en Turquía el pasado 15 de julio, con más de 2.300 migrantes en las tres primeras semanas de agosto. Esto merma los recursos en las islas del Egeo oriental y el gobierno central se comprometió a construir más alojamientos en el continente.

También crece el temor a que el pacto entre la UE y Turquía pueda fracasar por la presión de Ankara al bloque de 28 naciones para que permita la entrada de sus ciudadanos sin necesidad de visado.

ITALIA

Entre enero y junio de este año, Italia recibió a unos 70.000 migrantes, una cifra similar a la registrada en el mismo periodo del año anterior, pero con cada vez menos rutas abiertas hacia el norte, no tienen ningún lugar al que ir y los traficantes de personas emplean prácticas más peligrosas que provocan más muertes durante la travesía.

Los migrantes duermen en hoteles, centro de acogida, estaciones de tren y tiendas de campaña. La localidad toscana de Capabio los aloja en lujosas villas y Milán está preparando una cárcel para darles un techo.

Los ciudadanos de Nigeria son los más numerosos entre los que arriban a Italia, por delante de eritreos, gambianos, costamarfileños y sudaneses, según la agencia de refugiados de la ONU.

La ola migratoria pone a prueba los servicios sociales italianos y la paciencia del primer ministro, Matteo Renzi, que enfrenta una dura resistencia interna de la Liga Norte, de carácter antimigratorio, y las reticencias de sus socios comunitarios para reubicar a los solicitantes de asilo. Por el momento solo 961 personas salieron de Italia, informó la IOM.

A principios de mes, Francia devolvió a Italia a unos 200 migrantes que cayeron al mar en el paso fronterizo de Ventimiglia. El último punto caliente es el lago Como, en la frontera con Suiza. Allí, las autoridades aprobaron un asentamiento con capacidad para unos 300-500 migrantes, que estaban acampados en el exterior de una estación de tren tras realizar viajes diarios a Suiza, de donde son deportados.

ALEMANIA

Alemania ha visto notablemente reducida la cantidad de migrantes que cruzan sus fronteras, tras la avalancha de cientos de miles de personas en 2015, la mayoría de los que entraron a Europa.

Hasta finales de julio, Berlín había registrado 238.424 llegadas nuevas — 92.000 en enero, antes del cierre de la ruta de los Balcanes. Desde entonces la cifra se ha estabilizado en unas 16.000 personas al mes.

La canciller Angela Merkel se mantuvo fiel a su idea de que Alemania acogerá a quienes lo necesiten y que “gestionará” la crisis de refugiados. Este mantra ha alimentado conflictos todavía abiertos en su partido conservador, y benefició a la formación nacionalista y antimigratoria Alternativa para Alemania.

Dos ataques perpetrados este verano por solicitantes de asilo fueron reivindicados por el grupo extremista Estado Islámico, algo que también alimentó las preocupaciones.

Mientras, Alemania trabajó para endurecer los requisitos para obtener el asilo, deportar a los que no tienen éxito en su petición y cribar más las entradas en las fronteras.

Merkel ha criticado las acciones unilaterales de otros países europeos para cerrar la ruta migratoria de los Balcanes a expensas de Grecia, pero se mostró muy activa en la defensa del acuerdo Ankara-UE. Insiste en que el pacto sigue siendo necesario, a pensar de las tensiones con el gobierno turco por la exención de visados.

AUSTRIA

El hallazgo de 71 personas asfixiadas en la parte trasera de un camión de traficantes de personas en el país hace un año desató una ola de apoyo a los refugiados. Algo que ahora parece un recuerdo lejano.

El entonces canciller, Werner Faymann, instó a los austriacos a recibir a los migrantes con los brazos abiertos, pero enfrentó crecientes preocupaciones porque el país no podía hacer frente a la situación. Faymann cambió de opinión a principios de año, respaldando de pronto los llamados a cerrar la frontera del país. Presentó su dimisión en mayo ante la pérdida de apoyos.

Su sucesor, Christian Kern, continuó con las medidas restrictivas respaldadas por la mayoría de los ciudadanos, a los que sin embargo pide que mantengan una mentalidad abierta para con los recién llegados.

Austria fue uno de los principales actores en el cierre de fronteras en los Balcanes a principios de año. Tras aceptar más de 80.000 migrantes el año pasado, el país está listo para deportar a los primeros que excedan la cuota de 37.500 personas fijada para 2016.

SERBIA Y HUNGRÍA

El flujo de migrantes a Serbia se redujo considerablemente aunque no se frenó por completo.

En lugar de las miles de personas que se registraban a diario en los centros organizados para tal fin, unos cientos intentan ahora entrar de forma ilegal cada día. Como ejemplo de los peligros que enfrentan, un migrante afgano de 20 años que pasaba de forma irregular desde Bulgaria fue baleado y asesinado esta semana por un cazador en una tragedia que podría ser un accidente.

Human Rights Watch dice que migrantes y refugiados en la frontera entre Hungría y Serbia son obligados a retroceder en su camino, algunos de forma violenta.

ACNUR estima que en Serbia hay unos 4.400 solicitantes de asilo varados, la mayoría desde que Hungría comenzó a aplicar nuevas normas el pasado julio que permiten a las autoridades “escoltar” de vuelta a Serbia a migrantes y refugiados sorprendidos en un radio de 8 km (5 millas) desde la frontera.

Dos “zonas de tránsito” en el lado serbio procesan ahora alrededor de 30 peticiones de asilo diarias, mientras que unas 1.000 personas esperan en situación precaria a presentar sus papeles. La mayoría de esas demandas son rechazadas.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, calificó a los migrantes de “veneno” y el viernes anunció que Hungría construirá una nueva valla “más grande” en la frontera sur para defenderse de un posible incremento en las llegadas. El gobierno impulsa un referéndum para el proximo 2 de octubre para buscar apoyos en su oposición al plan comunitario para reubicar a migrantes entre los países socios.

FRANCIA

El número de migrantes en Calais aumentó este mes, a pesar de que las autoridades cerraron la mitad de un gran asentamiento en la zona a principios de año, y los gobiernos británico y francés levantaron vallas de seguridad y anunciaron medidas para disuadir de nuevas llegadas.

París dice que el número de migrantes en el improvisado campamento de Calais conocido como “la jungla” alcanzó su conteo oficial más alto hasta la fecha: 6.901 personas. Grupos de ayuda elevan la cifra a cerca de 9.000.

Esta semana, un migrante sudanés falleció tras un enfrentamiento entre grupos de sudaneses y afganos. Es la undécima muerte en el asentamiento este año. (I)

Los periodistas de The Associated Press Nicole Winfield en Roma, Nicholas Paphitis en Atenas, Dusan Stojanovic en Belgrado, Pablo Gorondi en Budapest, Elaine Ganley en Calais, George Jahn en Viena y David Rising en Berlín contribuyeron para este despacho.

Por GEIR MOULSON, Associated Press

Publicidad