Ecuador. Lunes 5 de diciembre de 2016
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Daniela Chacón: Agresores de mujeres en transporte público tienen título universitario

Daniela Chacón, vicealcaldesa de Quito. Foto de Miguel Molina para La República.

Quito.- La concejala Daniela Chacón es la principal entusiasta e impulsadora del programa de Cabinas Cuéntame, que ha implementado el cabildo capitalino en las paradas de transportación pública con la finalidad de lograr que algún día Quito sea una ciudad libre de violencia contra la mujer.

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Estas cabinas tiene el objetivo de brindar apoyo y acompañamiento, tanto psicológico como jurídico, a mujeres que han sido acosadas en el transporte público de la capital, para denunciar estos casos y judicializarlos adecuadamente. De esta forma, sentar un precedente que sea educativo y que no se siga normalizando la violencia contra las mujeres.

En ese sentido, Chacón ha dado una entrevista a este sitio en la que explica la situación actual del programa de Cabinas Cuéntame. 

– ¿Cuáles han sido los resultados de las Cabinas Cuéntame?

– Estamos muy contentos con los resultados porque tenemos ya en casi dos años de implementación del programa las primeras 11 sentencias judiciales, son las primeras sentencias en el Ecuador en donde se reconoce al acoso sexual en el transporte público como un delito de abuso sexual y por tanto sujeto a sanción. Interesantemente, los jueces reconocen además el agravante de ocurrir en el espacio público que se supone debe ser un espacio de convivencia y, por tanto, sancionan a los agresores con privación de libertad que va desde un mes hasta casi ocho años dependiendo de la gravedad del caso: de si la víctima fue una menor de edad, por ejemplo. Estas sentencias lo que demuestran es que el servicio de recepción de denuncias para casos de acoso sexual está funcionando, está dando resultados y ya las mujeres podemos sentirnos más tranquilas de que cuando se denuncia va a haber una consecuencia.

– ¿En qué consiste especificamente la labor de este programa?

– Los servicios de las cabinas cuéntame primero dan apoyo psicológico a las víctimas para estos primeros momentos de vulnerabilidad y después dan un acompañamiento legal. En el personal de las cabinas tenemos psicólogos y tenemos abogados que dan ese acompañamiento a la víctima justamente para que no exista un proceso de revictimización, que a veces sucede o para que el intimidante sistema judicial no nos parezca lejano. Ese acompañamiento ha sido clave para que muchas de las sentencias se resuelven en un mes o dos meses máximo. Es decir, la cadena está funcionando a la perfección: una víctima que se anima a denunciar alza su voz, unos testigos que le apoyan y corroboran su versión, un personal de las Cabinas Cuéntame que da el apoyo y el acompañamiento, una Policía Nacional –no todos lamentablemente- que ayudan a las víctimas en su trayecto a la fiscalía, una fiscalía que hace las acusaciones y actúa expeditamente y unos jueces que resuelven con la norma y también lo hacen de manera expedita. Esta es una cadena que empieza en lo que podemos hacer los ciudadanos, pasando por el municipio y llegando al gobierno nacional y a la función judicial. Yo creo que es de resaltar que esto está funcionando. El objetivo no es que todo el mundo se vaya preso ni mucho menos pero sí que se genere una conciencia de que estos hechos constituyen delito, necesitas convivir con respeto y sobre todo debe existir un rechazo social a un abuso que estaba normalizado en nuestra sociedad.

– ¿Quién da el patrocinio jurídico a las víctimas?

– Como son delitos de acción pública, son los fiscales quienes inician el proceso y en caso de que se requiera abogado la Defensoría Pública es quien actúa en estos casos. Este es un proceso absolutamente voluntario que sólo se activa si la víctima quiere y acepta el acompañamiento de las Cabinas Cuéntame que es para asegurarnos de que no haya revictimización. En uno de los casos no prosperó una denuncia porque el momento que la víctima se sube al auto de la Policía Nacional para ir a la Fiscalía los policías le desincentivan de presentar la denuncia diciéndole que no vale la pena, que se demora mucho presentar la denuncia, que eso no es delito… Entonces, el acompañamiento de Cuéntame es clave para que no ocurran estos espacios de desincentivo y que todo funcione de alguna manera conforme al ordenamiento jurídico. Creo que eso está funcionando adecuadamente y yo diría sinceramente que en esto la Fiscalía se ha puesto la camiseta de la lucha contra el acoso sexual. Ellos han estado atrás de los procesos y han hecho las acciones que corresponden.

– ¿En qué más ha contribuido la campaña?

– Yo creo que una de las cosas más importantes de este programa es que nos permite levantar información y datos con los que antes no contábamos. Te pongo un ejemplo: el perfil de varios de los agresores es de personas que tienen títulos universitarios. En algunos casos son profesores. A veces hay la idea de que estas personas que cometen este tipo de actos en el transporte público son delincuentes, son personas que no tienen mayor educación, y eso no es cierto. La información estadística que recopila el programa Cuentame nos indica que en realidad no es así. Lamentablemente responde a lo que ya hemos venido denunciando, es decir, una sociedad que ha normalizado el hecho de que es posible tocar a mujeres sin su consentimiento por una valorización distinta de la mujer, porque supuestamente nosotras salimos a provocar o porque nos pusimos una falda o la excusa de que el bus estaba muy lleno. Pero fíjate que en varias de las sentencias en el momento en que sucede el hecho no había aglomeración. Esto nos demuestra que en efecto hay una normalización de la violencia a la mujer en el transporte público, a la mujer principalmente (a los hombres les sucede en menor grado) y estas sentencias yo creo que pueden servir como un ejemplificador para generar ese rechazo social del que hablaba antes. Ojalá en el corto plazo cambie esta cultura que tenemos y que las Cabinas no sean necesarias porque esta violencia no va a ser un tema de todos los días y vaya a ser una excepción y ojalá nunca se dé. (I)

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