Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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El ADN delata en Canarias al primer cementerio de esclavos del Atlántico

Foto: Internet

Las Palmas de Gran Canaria (España), 17 ene (EFE).- Una investigación internacional ha confirmado que la rara necrópolis hallada en 2009 en Guía (Las Palmas de Gran Canaria, España) es lo que se sospechaba: un enterramiento de esclavos de varias razas y además el más antiguo del mundo atlántico.


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Es “el antecedente más antiguo del que se tiene constancia de la diáspora africana hacia América”, asegura el arqueólogo Jonathan Santana, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, primer firmante del artículo publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology.

Son catorce hombres y mujeres enterrados en el siglo XVI en Gran Canaria, todos ellos esclavos de diferentes procedencias.

Unos doce millones de africanos fueron llevados a la fuerza a América entre los siglos XVI y XIX para trabajar como esclavos en extensas plantaciones, la mayoría de caña de azúcar. Es una historia más que conocida, un tráfico de seres humanos que ha sido reiteradamente retratado por la literatura y el cine, pero que empezó antes de que Europa dominara las Indias.

Los documentos históricos citan en reiteradas ocasiones el uso de mano de obra esclava en Canarias, Madeira y Cabo Verde, el primer “Nuevo Mundo” que conocieron castellanos y portugueses antes de lanzarse a la conquista del continente recién descubierto por Colón y, precisamente, en una de las industrias que financió aquella gran empresa en sus inicios: las plantaciones de caña de azúcar.

En el caso de Canarias, el único de los archipiélagos de la Macaronesia que estaba habitado cuando llegaron los europeos, las referencias sobre el esclavismo desde los inicios de la conquista, en el siglo XV, son abundantes, pero faltaban pruebas físicas.

Ocho investigadores de las universidades de Stanford (EE.UU.), Cambridge (Reino Unido), Santa Elena (Perú), Las Palmas de Gran Canaria y el País Vasco (España) y la empresa Tibicena han confirmado ahora que la necrópolis hallada en la Finca Clavijo, de Guía, es un cementerio de esclavos.

Los científicos se han aproximado a los cuerpos recuperados en esa necrópolis (ocho esqueletos intactos y seis más removidos) con varios enfoques para conocer cuál fue su vida: la medicina forense, técnicas de ADN y análisis molecular, la arqueología y todo el saber ya acumulado en yacimientos esclavistas de EE.UU. y el Caribe.

La ciencia forense revela que murieron jóvenes, la mayoría en la veintena, y con lesiones de columna que sugieren que realizaban un trabajo muy duro, las mismas que se han documentado en plantaciones negreras de caña de Carolina del Sur, Surinam y Barbados.

Los restos han sido datados por Carbono 14 entre finales del siglo XV y principios del XVII.

El ADN de esas personas, en los once casos en los que los análisis han resultado viables, revela que una era sin duda una mujer canaria aborigen, mientras que cuatro son probablemente individuos de raza negra y otros seis pertenecen a un linaje presente tanto en Europa como el norte de África.

La forma de enterrarlos también resulta curiosa, porque no responde ni a rituales cristianos, ni puede ligarse claramente con el islam, ni encaja con las prácticas aborígenes, sino que sugiere un tipo de sincretismo muy habitual en las sociedades criollas, lo que refuerza el valor del yacimiento, apunta a Efe Rosa Fregel, bióloga especialista en ADN de poblaciones antiguas de la Universidad de Stanford.

Todos fueron enterrados de lado, dos de ellos yacen con la cabeza hacia el este (quizás hacia la Meca) y otros fueron inhumados junto a rosarios de cuentas de cristal típicos de algunos ritos africanos.

También hay elementos cristianos, como una medalla de San Francisco de Asís, que concuerda con la existencia a menos de un kilómetro de un antiguo convento franciscano, aunque los investigadores no descartan que se utilizaran para ocultar o enmascarar rituales africanos.

Ahora, este equipo de arqueólogos busca financiación para continuar las excavaciones, porque tienen indicios de georradar de que el primer enterramiento de esclavos del Atlántico puede contener mucho más que solo 14 cuerpos. EFE

(I)