Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Académicos de izquierda dicen que no es el fin del “ciclo progresista”

Álvaro García Linera

La Paz (EFE).- Es momento para reflexionar y hacer autocrítica en la izquierda latinoamericana en medio de un mundo convulso, pero eso no significa el fin “del ciclo progresista”, ni “el cierre de la historia”, afirmaron académicos en Bolivia.


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Ese es el resumen de un encuentro en La Paz celebrado esta semana entre el sociólogo brasileño Emir Sader, el filósofo argentino Ricardo Forster y el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.

Los tres, reconocidos pensadores de la izquierda en la región, se reunieron en el auditorio del Banco Central de Bolivia para presentar “Las vías abiertas de América Latina”, un libro cuyo título es un guiño al de Eduardo Galeano y que surge de la reflexión sobre las dificultades de la izquierda en América Latina.

El balance comenzó recordando que ya hace 18 años que Hugo Chávez accedió al poder en Venezuela, el primero de una serie de triunfos electorales que cambiaron la cara del continente: Néstor Kirchner en Argentina, Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, entre los primeros y más notorios.

En 2017, los Gobiernos de Argentina y Brasil han cambiado de signo, el rechazo de Nicolás Maduro en Venezuela se ha multiplicado y los márgenes de popularidad de las fuerzas de Gobierno en Ecuador y Bolivia ya no son lo que fueron. Sin embargo, los tres académicos, coautores del libro, encuentran motivos para la esperanza.

“No es un fin de ciclo porque no hay alternativa: solo hay restauración”, opinó Sader, quien hizo notar que ni el presidente Michel Temer en Brasil, por los escándalos de corrupción, ni su colega Mauricio Macri en Argentina, por la conflictividad social, lo están teniendo fácil para afianzar sus Gobiernos de derecha.

El brasileño destacó la ausencia de alternativas por la izquierda a “los procesos de cambio antineoliberales”.

“Son críticos, pero no tienen fuerza de masas porque no reconocen nuestros avances”, opinó, aunque reconoció que probablemente existe un margen para profundizar los procesos de transformación.

García Linera se sumó a la idea que no se puede hablar de fin de ciclo progresista porque no hay un proyecto nuevo que sustituya a las izquierdas suramericanas, sino que están volviendo al poder fuerzas similares a las que gobernaban en los años 90 que están “en debate a destiempo”.

El vicepresidente boliviano, declarado comunista, comparó a las fuerzas de la derecha latinoamericana, a cuyo proyecto tachó de “restauración neoliberal”, con la comida recalentada que, después de días en el frigorífico, ya no es apta para el consumo.

Habló del ocaso de proyectos globalizadores como la Unión Europea tras el Brexit o los tratados de libre comercio de EE.UU. tras la victoria del ahora presidente Donald Trump, y señaló que fuerzas ascendentes de izquierda en Europa y EE.UU. debaten ahora sobre la igualdad o “el proteccionismo inteligente” una década después que en Latinoamérica.

Además, dijo que ahora solo la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el mandatario de China, Xi Jinping, defienden la globalización.

“Nuestros derechistas en Bolivia se han quedado sin referentes (…) Los chinos son comunistas, Trump es proteccionista (…)”, dijo el vicepresidente, al tildar de “zombies” a los militantes de las fuerzas de derecha en su país.

Sader destacó el origen popular, diferente al de las elites que gobernaban la región antes, de líderes como Chávez, Evo Morales o Lula.

Recordó que el expresidente de Brasil fue obrero fabril y perdió un dedo en un accidente laboral.

Ahora, dijo, quienes impulsan los procesos contra Lula en busca de sacarlo de la carrera electoral, se refieren a él como “Nine” (nueve en inglés) en una marcada expresión de “odio de clase”.

Forster sostuvo que existe una conexión directa entre la derrota de las fuerzas de izquierda por dictaduras militares en los 70 y la implantación de políticas económicas neoliberales, con el ejemplo del dictador chileno Augusto Pinochet, que, tras derrocar a Salvador Allende, se rodeó de asesores económicos de la escuela de Chicago.

Por eso, sostuvo, es importante que el chavismo y los Gobiernos de izquierda que llegaron después reivindicaran el legado de “las tradiciones emancipadoras” y destacaran la importancia del Estado de derecho y las garantías democráticas a pesar de que no siempre vaya aparejado del triunfo de las ideas de izquierda.

“En un continente donde la democracia siempre ha sido puesta en cuestión por los sectores dominantes, no podemos regalar la democracia”, reflexionó el filósofo en el foro. EFE (I)

chro/ja/nrp