Ecuador. Domingo 4 de diciembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

El genio boliviano de la robótica prefiere su humilde taller a la universidad

Esteban Quispe

El joven aimara Esteban Quispe, conocido como “el genio boliviano de la robótica”, ha comenzado a ganar un reconocimiento internacional pero prefiere seguir creando en su humilde taller y ha rechazado la beca en una universidad privada.

Publicidad

Desde que hace un tiempo sorprendió en su país al construir con piezas recicladas en un basurero al Wall-E boliviano, una réplica del robot de la película Wall-E, Quispe no ha dejado de crear y ahora trabaja en una docena de máquinas, según cuenta a Efe.

Su potencial creativo en medio de las necesidades materiales que afronta en su casa en el pueblo de Patacamaya, a 104 kilómetros al sureste de La Paz, le ha valido hace poco ser invitado a Washington por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para participar del evento “Demand Solutions” (Ideas para mejorar vidas).

Durante ese viaje, la empresa Google también lo invitó a visitar sus instalaciones y ha recibido ofertas de trabajo de empresas de fuera, por ejemplo una colombiana, pero su inspiración está centrada en las necesidades de la comunidad andina agrícola donde vive.

Quispe, de 18 años, terminó sus estudios colegiales en Patacamaya y pese a que fue becado por la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” de La Paz para estudiar Ingeniería Mecatrónica, decidió abandonar esa casa superior de estudios alegando razones personales.

El joven inventor prefiere no hablar sobre su decisión de abandonar la universidad a la que asistió por un tiempo, pero enfatiza que su lugar favorito es su “laboratorio”, un pequeño cuarto de adobe y cemento, rodeado de barriles de metal y cajas de cartón con sus herramientas y asientos hechos de tronco de árbol.

Quispe explica que su “pasión y capacidad innata” para la robótica surgieron de su necesidad y que su sueño es ayudar a su comunidad, donde la población es aimara.

“Hay muchas personas que tienen conocimiento, pero pocos hombres tienen inteligencia para buscar estrategias que ayuden a su comunidad y yo quiero ayudar a mi comunidad”, subraya el joven.

Cuenta que su primer contacto con la robótica se dio por la falta de dinero de sus padres para comprarle un juguete, por lo cual, a sus 12 años, empezó a fabricar sus propios artefactos.

Su primera creación fue un “miniauto fantástico”, un coche con luces hecho con material reciclado con un “circuito inteligente” que le permite avanzar en la sombra hasta encontrar la luz.

También creó un cubo “inteligente” que produce luces con diferentes formas geométricas y ahora sueña con ayudar a su comunidad a subsanar sus necesidades agrícolas con la tecnología.

Su proyecto es crear un robot agricultor que se llamará Quichu o Esqui, denominación resultante de la combinación de las primeras sílabas de su nombre, Esteban Quispe Churata.

El prototipo del robot, cuya función es sembrar, estaría listo en febrero, sin embargo para realizar una producción en serie, “se necesita mucha inversión”, reconoce el inventor.

Siempre preocupado por el campo, donde está la mayor pobreza en Bolivia, Quispe también sueña con tener su propia empresa tecnológica para buscar formas de corriente inalámbrica para uso masivo en su país garantizando que la energía llegue al área rural.

“Las personas de las áreas rurales necesitan apoyo. Lo que tendríamos que hacer es darles corriente eléctrica porque si tienen corriente eléctrica, tienen Internet y si tienen Internet, tienen información”, subraya el Quispe.

Ahora trabaja como profesor de robótica en el colegio en que estudió en Patacamaya y, a su vez, construye 12 robots que venderá a escuelas para que los jóvenes se inspiren en sus creaciones y realicen otros productos que apunten a “solucionar los problemas de la gente”.

La madre y el padre del joven, ama de casa y albañil, respectivamente, apoyan al muchacho con “lo poco que tienen”, sin embargo, también esperan el apoyo económico de otras personas para que los sueños de su hijo puedan realizarse.

“Mi papá me decía que las personas que cambian el mundo no son personas que tienen conocimiento, sino personas que tienen necesidades”, concluye el joven científico. EFE (I)

vmm/ja/dsz

Publicidad