Ecuador. Viernes 2 de diciembre de 2016
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Manhattan sufre el caos de una “filial” de la Casa Blanca

Foto: kora11.com

Nueva York,  (EFE).- Si la escena de Audrey Hepburn frente al escaparate en “Breakfast at Tiffany’s” en la Quinta avenida con la calle 57 hubiera tenido lugar esta semana, la actriz no hubiera podido asomarse a la joyería, rodeada por una valla doble, y varios agentes le habrían pedido registrar su bolso.

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La avenida de compras más lujosa de Manhattan, especialmente a la altura entre las calles 55 y 57, sufre estos días compartir código postal con la Torre Trump, convertida en la sede de operaciones de la Casa Blanca en transición, donde vive y tiene sus oficinas el presidente electo Donald Trump.

Taxistas y vecinos ya se han acostumbrado a evitar esa zona de la ciudad, plagada de tiendas de lujo y turistas, cercana tanto a la entrada sur de Central Park como al Museo de Arte Moderno (MoMA), entre otras atracciones.

La Policía de Nueva York y el servicio secreto anunciaron el viernes el cierre del tráfico en la calle 56 entre la Quinta avenida y Madison, una restricción que podría extenderse a un mayor perímetro a lo largo del mandato, siempre que el presidente esté en la ciudad.

“Es un gran reto y sin precedentes, pero ninguna ciudad con más capacidad para llevarlo a cabo”, dijo el viernes el alcalde Bill de Blasio.

Dos puestos de seguridad a ambos lados de la manzana donde se encuentra la torre Trump alertan a los que quieran atravesar la acera de que pueden estar sujetos a registros en cualquier momento.

Los peor parados junto a Tiffany’s, que ha situado a “escoltas” con bufandas del azul aturquesado característico de la firma para sus clientes, son Gucci y Armani, detrás de la misma valla que la torre Trump.

En frente, otra joyería, Piaget, cuya encargada explica a Efe que no recibe ni la mitad de clientes que antes de las elecciones. “No creo que se nos compense de ningún modo”, dice sin querer dar su nombre.

El despliegue de seguridad es tal que la mayoría de transeúntes evitan la calle y no entran a una torre que parece totalmente cerrada, aunque es posible acceder pasando un control relativamente sencillo, sin arco de seguridad. Tan solo hay que mostrar el bolso, y ni siquiera piden quitarse el abrigo.

Dentro de la propia Torre Trump se ha situado una zona de prensa frente a los ascensores, cuya apertura de puertas despierta gran expectación cada vez que se ilumina la luz que anuncia su llegada.

Suben y bajan los futuros hombres de la Administración Trump, además de otras personalidades que se reúnen con el magnate.

Algunas personas, la mayoría familias estadounidenses de visita en la ciudad de los rascacielos, quieren no solo fotografiarse fuera de la torre con sus letras doradas, sino incluso comer en el restaurante del edificio, tomar algo en su bar, o hasta adquirir una camiseta o recuerdo con la marca “Trump”.

Lindsey y Jacob, de Arkansas, toman una hamburguesa en el Trump Grill ataviados con sus gorras rojas de “Make America great again”. Están en Nueva York para ver a su hija en la universidad y han aprovechado para acercarse a la torre del hombre al que han confiado el porvenir del país.

“Por supuesto que votamos por él. América tiene que parecerse a esta torre dorada, que el dinero fluya otra vez como una gran empresa”, reclamó Jacob a Efe.

Fuera de la torre, todavía es posible ver a algunos de los que protestan contra la elección. Un hombre todavía vende chapas de “Not my president (No es mi presidente)”, uno de los cánticos estrella de los que llevan días manifestándose para digerir una victoria del republicano especialmente poco popular en Nueva York, de simpatía demócrata, aunque el propio Trump naciera en Queens.

Los turistas han convertido el lugar en un parada obligatoria que todavía no está en las guías de la Gran Manzana pero a la que muchos no pueden resistirse para hacerse una “selfie”.

Marco es colombiano y Trump le parece “una mala elección” pero ha querido fotografiarse para enviar la imagen a sus amigos.

A partir del 20 de enero, Trump empezará teóricamente a vivir en la Casa Blanca, pero se espera que haga viajes recurrentes a su lujosa casa neoyorquina, lo que promete convertirse en una pesadilla tanto para el tráfico ya complicado del Midtown de Manhattan como para los servicios secretos del presidente. EFE

lmi/ag/nrp

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