El aumento de la pobreza en Quito y Cuenca: ¿anticipo de lo que ocurrirá en el resto del país?

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10 Nov 2016

A inicios de esta semana, el Banco Central del Ecuador (BCE) publicó el “Reporte de Pobreza, Ingreso y Desigualdad” con datos hasta septiembre de 2016[1]. Según ese reporte –que se basa en la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) que realiza trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC)–, entre septiembre de 2015 y el mismo mes de 2016 Quito y Cuenca registraron un aumento significativo en sus niveles de pobreza por ingresos: en el primer caso la incidencia de la pobreza pasó de 5,5% a 9,4% y en el segundo de 3,7% a 9,7%. En el caso de Guayaquil, la pobreza habría permanecido estable (el leve incremento de 9,6% a 9,7% no es significativo). Cabe señalar que tanto en Quito como en Cuenca la pobreza registrada en septiembre del año pasado fue la más baja para un mes similar desde que se tiene información comparable, por lo que el salto se dio desde niveles mínimos. Sin embargo, en ambos casos la pobreza registrada para septiembre de 2016 también es mayor que la de igual mes de 2014, por lo que se puede afirmar que, según datos oficiales, en Quito y Cuenca la pobreza ha aumentado.

Si bien el reporte del BCE muestra que en ambas ciudades la pobreza subió entre septiembre de 2015 y el mismo mes de 2016 y que en Guayaquil permaneció estable, para todo el sector urbano se registra un leve descenso durante el mismo período, de 15% a 14,5%. Es decir, el aumento de la pobreza en Quito y Cuenca (y la estabilidad en Guayaquil) se habría visto compensado por un descenso de la pobreza en el resto del sector urbano.

El mismo reporte del BCE señala que existe una relación inversa entre pobreza y empleo, es decir, “que mientras mayor es el empleo, menor es la incidencia de pobreza a nivel nacional” [2]. La lógica detrás de esa relación es que cuando una persona pierde su trabajo se reducen los ingresos familiares y si ese nuevo nivel de ingresos no alcanza para cubrir el costo de la canasta básica, entonces los miembros del hogar caen en situación de pobreza. Lo ocurrido en Quito y Cuenca en términos de pobreza luce coherente con lo que sucedió en las mismas ciudades en materia de empleo: entre septiembre de 2015 e igual mes de 2016 el número de personas con un empleo adecuado se redujo en 57.000 y 26.000, respectivamente. En el resto del sector urbano, sin considerar Guayaquil, (es decir, Ambato, Machala y otras ciudades sin información desagregada) la destrucción de puestos de empleo adecuado afectó a más de 93.000 personas, pese a lo cual la pobreza habría descendido.

La explicación puede estar en que, si bien en el resto del sector urbano se perdieron muchos puestos de empleo adecuado (personas que trabajan la jornada legal y tienen ingresos no menores al salario mínimo), simultáneamente aumentó, en mayor proporción, el número de empleados inadecuados. En otras palabras, ante la pérdida de empleo de una persona, más miembros del hogar empezaron a trabajar, aunque sea en condiciones precarias, lo que ayudó a sostener los ingresos familiares. De hecho, entre septiembre de 2015 y el mismo mes de 2016 (cuando en el resto del sector urbano se perdieron, como se señaló, más de 93.000 puestos de empleo adecuado), 225.000 personas empezaron a generar algún ingreso en un empleo con insuficiencia de horas trabajadas o con salarios menores al mínimo (no se toma en cuenta a quienes tienen un trabajo no remunerado). En este punto llama la atención lo que ocurre en Guayaquil (donde la pobreza habría permanecido estable), ya que el número de personas que perdieron su empleo adecuado (70.000) fue mayor que el de aquellas que se sumaron al empleo inadecuado (50.000, descontado a quienes tienen un trabajo no remunerado).

Otra variable que incide sobre la evolución de la pobreza es la inflación, particularmente el costo de la canasta básica, que marca la línea para determinar si un individuo (o un hogar) es pobre o no. Entre septiembre de 2015 y el mismo mes de este año el costo de la canasta básica aumentó 3,1%, muy por encima de la inflación general (1,3%). Los mayores aumentos se registraron en Machala (3,5%), Ambato (3,6%), Esmeraldas (3,7%), Manta (4,2%) y, particularmente, Guayaquil (5,7%), lo que, nuevamente, genera dudas acerca de la estabilidad de la pobreza en esa ciudad.

En todo caso, más allá de las dudas en torno a un resultado en particular, el deterioro del mercado laboral (que podría continuar en los próximos meses, tomando en cuenta la incertidumbre política y económica y la consecuente reticencia de las empresas por invertir o contratar personal) y el persistente incremento del costo de la canasta básica (en octubre el alza interanual fue de 3,3%) parecen anticipar que el aumento de la pobreza que ya se registró en Quito y Cuenca puede extenderse al resto del país.

[1] Ver: https://contenido.bce.fin.ec/docs.php?path=/documentos/Estadisticas/SectorReal/Previsiones/IndCoyuntura/Empleo/PobrezaSep2016.pdf

[2] El reporte también señala que hay una relación inversa de la pobreza con el gasto público y con el crecimiento económico, variables para las que no se tiene información disponible hasta el tercer trimestre.

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