Aunque el Gobierno las interpreta a su conveniencia, las cifras de empleo dan cuenta de una economía que no despega

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17 Ene 2017

El Instituto Nacional de Estadística Censos (INEC) publicó esta mañana los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo correspondiente a diciembre de 2016. El informe del INEC muestra un claro deterioro en los indicadores laborales que no va de la mano con el discurso oficial de una supuesta recuperación de la economía a partir de la segunda mitad del año pasado.

En una rueda de prensa convocada por autoridades oficiales para tratar de mostrar los resultados desde la visión más favorable para el Gobierno, el ministro de Trabajo, Leonardo Berrezueta, quiso centrar el análisis en la evolución de la tasa de desempleo a nivel nacional, que en diciembre de 2016 se ubicó en 5,2%, lo que implica una estabilidad frente al 4,8% de diciembre de 2015. En ese sentido, el ministro insistió en algo que ya es casi un lugar común en el discurso oficial: que el Ecuador tiene la tasa de desempleo más baja de la región. Suponiendo que esa afirmación fuera exacta (en realidad, en el tercer trimestre de 2016 Bolivia registró una tasa de desempleo de 4,1% y resulta difícil creer que aumentó en más de un punto en apenas tres meses), limitar el análisis del mercado laboral a una comparación de las tasas de desempleo a nivel regional es una manera de ocultar los graves problemas que enfrentan quienes buscan un trabajo en el país.

En ese sentido, lo más conveniente para analizar la evolución del mercado laboral es conocer cuánto varió el número de personas que tienen lo que el INEC denomina un “empleo adecuado”, es decir, trabajadores cuyo ingreso es mayor al salario básico unificado y trabajan la jornada legal (o trabajan menos horas pero, ganando al menos el salario mínimo, no quieren trabajar más). En diciembre del año pasado 3.243.293 personas estaban en esa condición, casi 244.000 menos que en diciembre de 2015. De hecho, la cantidad de personas con un empleo adecuado en diciembre de 2016 también fue menor que en los mismos meses de 2014 y 2013, lo que da cuenta de la baja demanda laboral por parte de las empresas. Al respecto, el nuevo director del INEC, David Vera, también presente en la rueda de prensa, reconoció que frente a diciembre de 2015 se perdieron 244.000 empleos adecuados, pero señaló que entre marzo y diciembre del año pasado se generaron 100.000. Esa comparación no es rigurosa técnicamente, porque diciembre es, desde siempre, el mes con los mejores indicadores laborales del año, lo que se explica principalmente por el consumo navideño y el turismo. Por eso al analizar estadísticas laborales la comparación debe ser siempre interanual. Aún así, que entre marzo y diciembre de 2016 se hayan creado 100.000 empleos adecuados está lejos de ser una buena noticia, ya que en períodos similares de 2014 y 2015 se crearon 340.000 y 263.000 empleos adecuados, respectivamente.

En cuanto a la tasa de empleo adecuado, en diciembre de 2016 ésta se ubicó en 41,2%, 5,3 puntos menos que en igual mes de 2015. Es decir, apenas 4 de cada de 10 ecuatorianos que quieren trabajar lo hacen en condiciones aceptables. Se trata de la segunda tasa más baja para un mes de diciembre desde que se tiene información comparable (diciembre de 2007), sólo mejor que en 2009 (39,2%). Si se analizan las estadísticas sólo del sector urbano, la tasa de empleo adecuado de diciembre de 2016 (47,6%) es la más baja desde que se tienen datos comparables, lo que, a diferencia del análisis centrado en la tasa de desempleo, da cuenta de la verdadera magnitud del problema laboral que enfrenta el país.

Otro indicador que refleja este problema es la evolución del empleo inadecuado, compuesto por personas que tienen ingresos menores al salario mínimo (sin importar si quieren trabajar más horas o no) o que no completan la jornada legal de 40 horas semanales y están disponibles para trabajar más,  o que directamente no reciben un salario por su trabajo (el “empleo no remunerado”). La cantidad de personas con un empleo inadecuado aumentó en casi 600.000 entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016. La mayor parte de ese crecimiento se explica por el aumento del subempleo (el número de personas en esa situación aumentó en 514.000).

En un punto de la rueda de prensa, el ministro coordinador de la Política Económica, Diego Martínez, dijo que para 2016 “el objetivo del Gobierno era que no aumente el desempleo y lo hemos logrado”. En realidad, aún centrando el análisis en la evolución del desempleo, esa afirmación tampoco es exacta, porque si bien la tasa de desempleo permaneció estable entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016, el número de desempleados aumentó en ese período en más de 52.000. Y más del 80% de ellos son desempleados cesantes, es decir, personas que tenían un empleo y lo perdieron en el último año.

Con estas cifras, el Gobierno, en lugar de insistir en los supuestos logros de sus políticas económicas (el ministro Berrezueta llegó a decir que las medidas tomadas han sido “todo un éxito”), debería reconocer las debilidades de un modelo que no alienta la inversión privada y tratar de corregirlas para que en 2017, al menos, no se sigan destruyendo puestos de empleo adecuado.

 

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