Una reactivación económica que no tiene nada de vigorosa

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5 Dic 2017

A finales de noviembre, después de haber mantenido reuniones con el Presidente Lenín Moreno y con autoridades del equipo económico, funcionarios del FMI dieron declaraciones sobre su visita al Ecuador. Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, dijo: “Es evidente que la economía está recuperándose a buen ritmo tras la recesión de 2016 y que la actividad ha sido más vigorosa de lo que habíamos previsto en nuestras proyecciones más recientes de octubre”. Esa declaración fue difundida por el Ministerio de Economía y Finanzas, que en su cuenta oficial de Twitter escribió: “FMI reconoce repunte económico de Ecuador en el último año”.

Antes de analizar la pertinencia de los comentarios del Fondo, cabe señalar la incoherencia que representa que el Gobierno, que hasta hace poco hablaba de una situación económica extremadamente difícil y que, de hecho, envió a inicios de noviembre una ley que supuestamente busca reactivar la economía, se haga eco de un comentario que destaca la recuperación del nivel de actividad. Es más, la Proforma Presupuestaria para 2017 –que el Gobierno envió a la Asamblea recién en agosto, es decir, cuando ya se conocían los datos oficiales de crecimiento del primer trimestre (2,6% interanual, según el boletín del Banco Central publicado en junio, aunque luego se corrigió la cifra a 2,2%) y las autoridades seguramente contaban con cifras que mostraban que el dinamismo se había mantenido también en el segundo trimestre (cuando la economía, según el Central, creció 3,3% frente a igual período de 2016)– incluye una proyección de crecimiento de apenas 0,7% para el año completo, lo que implicaba que la economía mostraría muy pobres resultados en el segundo semestre. Ahora el Gobierno promociona la declaración del Fondo que contradice sus propias proyecciones y que, de ser correcta, también dejaría sin sustento la necesidad de enviar una ley para reactivar la economía (a la que se han opuesto los principales actores del sector privado).

Pero más allá de esa contradicción –que deja al descubierto la falta de coherencia en el discurso oficial en torno a la situación económica (¿quedó o no quedó la mesa servida?, se puede preguntar cualquier ciudadano que escuche primero al ministro De la Torre y luego al Presidente Moreno)–, es importante analizar si esa recuperación a la que se refirió el funcionario del FMI es sostenible. Según el Banco Central, en el primer semestre de 2017 (última información disponible), la economía ecuatoriana acumuló un crecimiento de 2,8% frente a la primera mitad de 2016. Con ese resultado, es muy difícil llegar al 0,7% de crecimiento proyectado por el Banco Central y más aún al 0,2% proyectado por el FMI en su publicación de octubre sobre la economía mundial. Frente a una proyección tan pesimista del organismo multilateral, los resultados que viene publicando el Banco Central (asumiendo que son correctos) evidentemente implican una recuperación. De hecho, en base a un modelo de “nowcast” desarrollado por el economista Manuel González Astudillo para CORDES[1], estimamos que en el tercer trimestre la economía registró un crecimiento interanual en torno al 2,9%. Para el año completo, desde octubre manejamos una proyección de 2,4%.

Si bien el resultado estimado del tercer trimestre (las cifras oficiales se darán a conocer a finales de este año) sigue siendo alto, implica una desaceleración frente al 3,3% del segundo trimestre. En CORDES creemos que esa desaceleración se acentuará en los próximos meses, a medida que el Gobierno se vea obligado a recortar el gasto fiscal, que fue el gran impulsor de la actividad en el primer semestre de este año y que se financió en gran parte con nueva deuda. En ese sentido, no creemos que el Ecuador esté viviendo una reactivación económica “vigorosa” sino una reactivación transitoria, que no se sustenta en una mayor inversión privada (muestra de lo cual son las pobres cifras de mercado laboral).

Aunque el Ministerio de Economía y Finanzas no quiso destacar este punto, el FMI también habló de los “importantes desafíos que Ecuador tiene por delante, como la necesidad de restablecer la competitividad externa y afianzar la posición fiscal”. Esos dos factores –una situación fiscal mucho más grave que la que se pinta en el Presupuesto General del Estado de 2017 y 2018 y la poca competitividad externa (que, además de fomentar las importaciones y encarecer las exportaciones, desalienta la inversión en el país)– a los que se suma una economía altamente dependiente del gasto público, son los que nos hacen creer que la reactivación que hemos vivido este año no es sostenible. Lamentablemente, el proyecto de ley de reactivación que el Gobierno envió a la Asamblea no combate ninguno de esos “desafíos”, lo que se verá reflejado en una inversión privada que seguirá a la espera de un verdadero programa económico.

 

[1] Los resultados y la metodología del modelo están disponibles en nuestra página web: http://www.cordes.org/nowcast

 

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