El Estado Islámico traslada su terror al mundo a medida que pierde el “califato”

Estado Islámico. Foto: EFE/Archivo

A medida que el Estado Islámico (EI) ha ido perdiendo el territorio de su “califato” entre Siria e Irak, su actividad letal se ha intensificado con graves atentados por todo el mundo, que han sacudido países tan distantes como el Reino Unido, Afganistán, Irán o España.

“La yihad (guerra santa) no tiene fronteras”, por lo que “debéis hacerla donde estéis, inshallah (si Dios quiere). Alá estará complacido con vosotros”.

Este es uno de los mensajes repetidos en 2017 por el aparato de propaganda del EI (Daesh, por su acrónimo en árabe) para animar a sus seguidores a atentar contra los “infieles” en todo el globo.

Y estas consignas se fueron intensificado a la vez que los terroristas eran hostigados y expulsados de su “califato” por grupos kurdos y sirios y tropas de Rusia, Estados Unidos e Irak.

A través de las distintas redes sociales, de la agencia Amaq o en diversas revistas, los radicales no han dejado de proclamar que “en la casa de los cruzados (occidentales) no existen los inocentes” y que los ataques indiscriminados se realizan “contra los civiles”, en cualquier lugar del mundo, porque “es más doloroso”.

Y así fue este año. Además de las miles de víctimas que han sido objeto de atentados del EI en Siria e Irak -sólo en este último país se cuentan más de 10.000 muertos-, los terroristas, ya sea en células organizadas o como “lobos solitarios”, han sembrado el terror en cualquier punto del planeta.

Europa cerró 2016 conmocionada por el enésimo ataque yihadista del año, en un mercado navideño en el corazón de Berlín, donde murieron más de una decena de personas arrolladas por un camión.

Los terroristas no volvieron a actuar en el Viejo Continente hasta marzo, cuando un “lobo solitario” mató en Londres a cinco personas e hirió a otras 31, arrolladas por un todoterreno, frente a la sede del Parlamento británico y el puente de Westminster.

El Reino Unido fue, de hecho, uno de los principales objetivos del EI en 2017, ya que dos meses más tarde, 22 personas, la mayoría jóvenes y niños, murieron en Manchester durante un concierto de la cantante Ariana Grande. El atentado con bomba causó heridas a 64 personas.

En junio, en el Puente de Londres y el mercado de Borough, un nuevo ataque coordinado se saldó con 8 muertos y en septiembre en una estación de metro de Londres otro atentado provocó 18 heridos.

Lejos de Europa, el Estado Islámico se atribuyó en mayo otro ataque, esta vez en Egipto, contra la minoría copta, en el que mató a 29 peregrinos.

Antes de que finalizara ese mes, varios suicidas del Daesh con coches bomba cometieron dos atentados en Bagdad, en un lapso de diez horas, que se cobraron la vida de 22 personas y provocaron heridas a un centenar.

Los yihadistas incluso se atrevieron a atentar en Irán, en junio, algo inédito en un país fuertemente controlado por el régimen de los ayatolas, en dos ataques contra dos símbolos nacionales: el Parlamento y el mausoleo del imán Ruholá Jomeiní, en Teherán que causaron al menos 17 muertos.

La violencia del EI llegó en agosto a Herat, en Afganistán, con 29 muertos en un atentado suicida y poco después al centro de Barcelona y la localidad costera española de Cambrils, en sendos ataques en los que murieron 14 personas.

Y en octubre, dos personas murieron en la ciudad francesa de Marsella apuñaladas por un yihadista.

Las actuaciones de los simpatizantes del Estado Islámico en todo el mundo demuestran que no se trata de un mero grupo de radicales, sino que representan una ideología que puede ejercerse con violencia desde cualquier parte del mundo.

El Daesh, como señalan los expertos, trata de dominar el mundo, y no sólo Oriente Medio, con su legión de fanáticos extendiendo el terror por todo el globo, aunque el 95 por ciento de sus víctimas sigan siendo musulmanes.

Por ello, los tanques y los aviones de las grandes potencias que hasta ahora se han mostrado efectivos para controlar al EI sobre el terreno, no serán útiles en un futuro inmediato y habrá que buscar nuevas formas de combatir el fanatismo que ha conseguido diseminar por todo el mundo. EFE

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