Se requiere más

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

La sociedad se pregunta por qué el capital nacional no regresa al Ecuador. La respuesta tiene relación con la seguridad jurídica.

Durante la década ganada fuimos testigos de cómo el empresario ecuatoriano fue golpeado mediante pensamiento, palabra, obra y omisión. En los discursos se manifestaba que se quería atraer la inversión de las compañías privadas, pero simultáneamente se fustigaba a los empresarios.

Las compañías son de los empresarios y los empresarios ecuatorianos son iguales que los extranjeros: no responden ante un ambiente hostil de negocios en el que las reglas del juego cambian constantemente. El Estado quiere ser juez y parte en la resolución de conflictos comerciales; se implementan salvaguardias, cupos y normas INEN que encarecen los productos.

Para que venga la inversión extranjera o nacional, el país debe mostrar su intención de cambiar. Más allá de leyes o de tratados bilaterales internacionales que se suscriban favorablemente para la nación, estos pueden ser reformados o denunciados, respectivamente, como ya ha ocurrido en la historia nacional.

Esas acciones contra el libre comercio quedaron grabadas. Los inversionistas observan los comportamientos de los servidores públicos. Están dispuestos a invertir con la seguridad de que pueden ganar renta y retirar su capital sin restricciones.

Y cuando me refiero que estudian los ecosistemas de negocios, lo hacen durante años. No basta con aprobar acuerdos con bloques comerciales importantes. Ni con promulgar la Ley de Fomento Productivo. Tomará por lo menos cuatros años en los que Ecuador demuestre que respeta el derecho de propiedad y el libre comercio. Hasta que eso suceda, el país no estará en la mira de los inversionistas.

Escucho en los medios la satisfacción por estos pasos correctos. Estamos enrumbándonos hacia el norte de la prosperidad y no al sur de la debacle venezolana. Pero no es suficiente. Se requieren más modalidades de contratos de trabajo, más acuerdos internacionales y derogar y bajar impuestos que dificultan el comercio. Desmentir el mito de que el comercio y los empresarios quitan empleos y se quedan con el capital. Incorporar a nuestra idiosincrasia la realidad de que cuando la economía crece, todos lo hacemos.

Hasta eso, escuchamos voces de la izquierda resentida que dicen que los empresarios son los únicos que ganan.

No oigo lo mismo de parte de los empresarios. Les preocupa la caída del empleo adecuado. El exceso de tramitología que a tantas compañías ha liquidado.

Tenemos que trabajar en las debilidades que los informes internacionales señalan que el Ecuador tiene. Esa es una forma de atraer inversión.

Caso contrario, seguiremos viendo a admiradores de Chávez convertidos en banqueros de la banca pública, con sueldos maravillosos. Y los ladrones de la década ganada continuarán disfrutando de su dinero producto de la corrupción y el despilfarro de los recursos públicos. Ellos son los verdaderos culpables de lo que está ocurriendo. Pero una vez más, tratan de esconderse culpando a los empresarios de no invertir lo suficiente en un país que obstaculiza el emprendimiento formal.

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