La herencia brasileña

Jorge Calderón Salazar

Jorge Calderón Salazar

Guayaquil, Ecuador

En los últimos años Brasil ha transitado por la incertidumbre política, vislumbrada en la salida de Dilma Rousseff por el incumplimiento de normas fiscales y la asunción de Michel Temer como presidente, gigantes manifestaciones anticorrupción, la operación Lava Jato y otros sonados casos de corrupción que llevaron a la cárcel a varios e importantes políticos brasileños, el encarcelamiento del expresidente Lula Da Silva, entre otros; convirtiéndose en una ruleta rusa de quién será el próximo acusado de corrupción.

Este domingo se cumplió el proceso para encontrar al sucesor de Temer (el presidente con el más bajo nivel de aceptación de la historia de ese país). Los electores se pronunciaron por el heredero de Lula y representante del Partido de Trabajadores, Fernando Haddad que alcanzó el 29% de la votación y el derechista Jair Bolsonaro que se alzó con el 46% de los votos, y entre quienes se disputarán la segunda vuelta, debido a que no alcanzaron el 50% exigido de la votación para ganar en primera vuelta.  La votación de Bolsonaro es sorprendente pues si bien encabezaba las encuestas en las últimas semanas existió un importante voto “oculto”, lo que demuestra la necesidad de cambio que aspira la sociedad brasileña y espera a alguien de “línea dura” para que acabe con la corrupción que campea en el país, dejando de lado sus acciones y declaraciones a favor de la dictadura y en contra de mujeres y homosexuales.

Ahora bien, ¿qué le espera al próximo presidente de la economía más grande de América Latina?  Según Latinobarómetro apenas el 10% de los brasileños está satisfecho con el gobierno, la imagen internacional del gigante latinoamericano ha venido a menos por los escándalos de Petrobras y Odebrecht que junto a la desaceleración económica y la creciente complejidad tributaria, laboral y burocrática incide en el empeoramiento del ambiente de negocios en Brasil, lo que lleva a que figure en el puesto 125 (de 190 países) en el ranking Doing Business 2018 que elabora el Banco Mundial, siendo los sectores financieros, petrolero, gas y telecomunicaciones los que más receptan inversiones extranjeras.  El amplio mercado interno de 210 millones de consumidores le permite mantener aún una posición algo privilegiada en el contexto internacional, a pesar de que viene perdiendo posiciones especialmente con los países asiáticos en lo que respecta a la atracción de inversiones extranjeras.

Adicionalmente, Brasil desde el 2013 no registra un superávit primario, según analistas y el Ministerio de Hacienda no lo alcanzarán hasta el año  2023, para ello las autoridades han reducido paulatinamente el gasto público aunque la capacidad de maniobra es poca pues solo un 10% de ese gasto puede modificarse, ya que el 90% del gasto público está condicionado por las leyes del país y tiene destinos especificados.  Debido a la desaceleración económica, los ingresos tributarios han caído lo que llevó a la expansión del déficit fiscal, trayendo consigo un aumento en el nivel de deuda respecto al PIB que se encuentra en el orden del 74%, cuando en diciembre del año pasado se ubicó en el 69%.  La inflación y el desempleo registran alzas durante el 2018, en algunos casos la precarización del trabajo es evidente a tal punto que ha llevado a las Naciones Unidas a expresar su preocupación por el trabajo esclavo.

En sí, el panorama que enfrentará el próximo presidente y su equipo económico es complicado, pero serán necesario reformas que apuntan a flexibilizar el mercado laboral, atraer más inversiones extranjeras, dinamizar el consumo interno, reducir la carga tributaria, realizar reformas para reducir los trámites burocráticos, ampliar sus fuentes de endeudamiento, bajar el gasto público, realizar enmiendas que le permita reestructura la asignación del gasto público, entre otras medidas para que dentro de un programa económico alineado a estas prioridades puedan mejorar la situación del país. (O)

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