No solo Pinocho miente

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.” Aseguraba el jerarca nazi Joseph Goebbels. Eso que nos parecía una perversión ideológica, se ha puesto de moda y entró a formar parte del paisaje político cotidiano. A tal punto se ha vuelto natural que hay periódicos que llevan estadísticas de cuántas mentiras dice un político por día. El político español Pablo Casado, secretario general del Partido Popular (PP), sucesor de Mariano Rajoy, dice cinco mentiras; Donald Trump va por las ocho.

Las cosas, sin embargo, al igual que los compuestos químicos, tienden a recuperar su estado natural. El domingo anterior, más de quinientas mil personas, víctimas de esas mentiras, salieron a las calles de Londres y marcharon hasta el Parlamento para pedir que se realice un nuevo referéndum sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Se puso de moda la palabra Brexit, de la unión de los palabras inglesas: “Britain” (Gran Bretaña) y Exit (salida). Esta maniobra política fue encabezada por varios políticos inescrupulosos que basaron su campaña en una serie de mentiras. Entre ellas, que “Europa les roba a los ingleses 300 millones de euros semanales”. Su principal sostenedor fue Nigel Farage, que apenas ganado el referéndum negó haber dicho tal cosa. Cuando los periodistas le presentaron pruebas exclamó, sin ruborizarse: “Creo que me he equivocado”. Y tomó un avión que lo llevaría a Washington para darle su apoyo a Donald Trump.

En el mitin del domingo uno de los principales oradores fue el intendente de Londres quien dijo: “No hemos votado al Brexit para ser más pobres”. ¿Pero acaso no habían dicho los líderes de la salida que por este camino todos iban a ser más ricos? A su alrededor se agitaban las pancartas. Un chico sostenía una que decía: “Tengo 16 años… Tu voto es mi futuro”. A su lado un hombre con otra pancarta: “Bollocks to Brexit” (Hasta los huevos del Brexit). Otro: “Dejen a mi esposa que se quede aquí” ya que su mujer es griega y que de producirse la ruptura posiblemente tendría que regresar a su país. Hay millones de europeos que viven y trabajan en el Reino Unido que tendrán que marcharse. Pero también hay millones de ingleses trabajando en otros países europeos que se verán obligados a abandonar sus puestos de trabajo y regresar.

Ahora es cuando se dan cuenta los ingleses de la dimensión del problema que tienen adelante y que había sido disfrazado por las mentiras de los políticos que les prometían un país que no existe, que no puede existir. Irlanda del Norte piensa ya en anexarse a la República de Irlanda y Escocia pide un nuevo referéndum para salir del Reino Unido y seguir siendo parte de Europa. En medio de todo esto, su primera ministra, Theresa May, no ha logrado ni un solo acierto. Solo ha cosechado fracasos.

Debido a estas prácticas, nuestras democracias corren el peligro de naufragar. En un libro que acaba de aparecer, “Historia reciente de la verdad“, el filósofo uruguayo Roberto Blatt, que reside en Madrid desde hace varios años, escribe: “Justo ahora, cuando parecía que la tecnología nos acercaba a la realización utópica de una democracia basada en información verídica y contrastada, universalmente accesible –los medios para comprobar las evidencias existen y están al alcance de todos–, se multiplica la máquina de fabricación de falsedades” (p. 104).

Es imprescindible estar alertas porque si no ponemos al descubierto todas estas mentiras, somos nosotros los que tarde o temprano terminaremos pagando las consecuencias.

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