La teoría de la relatividad

Raúl Andrade Gándara
Rochester, Minnesota

No se preocupen. No voy a referirme a la famosa, la de Einstein, que pocos entienden, muchos citan y que el mundo ha aceptado como genial. La cito porque me viene a la mente cuando escucho y leo a los expositores a favor y en contra del voto nulo.

Para ser lógicos, empecemos por diferenciar a quienes respaldan ese voto a favor del CPCCS. Y nos encontramos con la primera fanesca. El apoyo viene de Correa, del gobierno y algunos sectores que se presentan como sus detractores. Incomprensible. Se unen los extremos. Las razones son extensas. Algunos hablan de la inutilidad del voto nulo, del peligro de permitir a los correistas captar un poder que hoy no tienen, otros se pierden en cálculos matemáticos, en elucubraciones fatalistas y temerosas, que curiosamente callaron cuando el infalible ejercía su abuso indiscriminado sobre los demás poderes del estado. Eso tienen en común. Su silencio durante diez años de totalitarismo, de encubrimiento, de saqueo, de complicidad con el narco tráfico, entre otras maravillas.

También han aparecido los estrategas, que pretenden convertir este cuello de botella en un triunfo, recomendando el voto luego de espulgar las listas, como si fuera tan sencillo.

“ Pasen la polla y copiemos “ , dicen triunfantes, sin pensar que dejan nuevamente al azar y al criterio de otros el futuro del país.

Algún político se siente cómodo con el CPCCS, y lanza la misma admonición: -Escojamos a los no correistas! ¡Ya les paso el dato!

Esgrimiendo sus razones, al grito de “ ahí viene el lobo” , estos geniales personajes pretenden legitimar al organismo para luego, cuando “ el momento “ sea más propicio, lograr un hipotético referéndum para abolir lo que ayer apoyaron con su voto.

Habría que preguntar por qué creen que ellos son los árbitros del «momento oportuno», y que el resto del público tiene que esperar su visto bueno. Seguramente su inteligencia superior es su principal herramienta, y así se sienten muy a gusto.

Pero la gran mayoría del país no se siente cómoda. No acepta perpetuar un organismo que ha demostrado su perniciosa presencia en nuestra vida institucional, ni acepta votar a ciegas por unos desconocidos, aunque vengan recomendados por otros demasiado conocidos.

El pueblo se siente atrapado por una gran farsa en la que la ley del embudo es una constante, y empieza a entender que es espectador pasivo de un sistema que no explica ni pretende explicar lo que se está eligiendo.

Y allí está la explicación del creciente voto nulo. Ese voto que dice «estamos hartos» al poder, y que le obliga a rectificar y reconocer el deseo del mandante.

Allí está la explicación y rechazo a quienes quieren seguir manipulando la voluntad ciudadana a través de estrategias y momentos que ellos escogen.

«La pelea es peleando» decían los antiguos, y ayer como hoy, tenían toda la razón. Si estamos cansados de tanto abuso, hay que aprovechar todo momento propicio para demostrarlo, para enrostrarlo, para plantearlo como una realidad inaplazable.

Doce años han sido suficientes. El fracaso de los países afines al siglo XXI es palpable. El Ecuador está en la obligación de cambiar de rumbo, de exigir de sus mandatarios transparencia y cuentas claras, sin dilaciones , cálculos y eufemismos.

Si vamos a hacer escuchar nuestra voz, cualquier momento es oportuno, y si nuestra voz se escucha unida y en voz alta, será más efectiva que cualquier suma de votos válidos que no representen el sentir mayoritario de un pueblo.

Y así debemos plantarnos. De frente y sin miedo. Así se derrocan los abusos, las corruptelas y las imposiciones.

Sin dilatorias, sin cobardía. ¡Con actos firmes y valentía en los hechos! Vamos a recuperar la democracia y frenar el hiperpresidencialismo. Y nuestro voto es el primer paso para decir «¡BASTA!».

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