Vivir el duelo a la distancia

En honor a Manuel Contreras, Carmen Consuelo Betancourt y Erickson Vivas.

Samuel Uzcátegui
Quito, Ecuador

Cuando emigré hace ocho meses, nunca había tenido que lidiar con la muerte de alguien cercano. Ahora, en el último mes y medio, he tenido que enfrentar el fallecimiento de tres cercanos familiares, a miles de kilómetros de distancia y sin saber cómo apoyar a mi gente, que son los que desde Venezuela han tenido que afrontar estas tragedias.

En mi texto publicado hace dos semanas, titulado “El inmigrante también está a oscuras”, decía “Donde, en situaciones como esa, recuerdas que ni siquiera te despediste de muchos familiares al abandonar el país y que, a este punto, cualquier cosa puede pasar”. En su momento solo había tenido que vivir la muerte de mi primo Erickson un mes antes, quien murió en un accidente de tránsito, pero cuando lo escribí no sabía a que me refería exactamente con “cualquier cosa puede pasar”.

Ahora que ha muerto mi abuela lo entiendo. Es difícil comprender lo grave que es que se muera un familiar y ni siquiera recordar cómo fue que te despediste de ellos antes de emigrar, más difícil es imaginarme a mis otros familiares, que lejos de casa, también están viviendo estos fallecimientos con mucho dolor, y a algunos incluso les toca llorar por su padre a miles de kilómetros de distancia. Ni olvidar a los familiares, que, desde Venezuela, en un ambiente de caos, tienen que hacer lo imposible para poder darle su merecida despedida a cada uno de nuestros parientes fallecidos.

Es inevitable no involucrar a la situación del país en estas instancias. Mi tío Manuel fue asesinado por un irresponsable conductor que lo arrolló y se dio a la fuga. ¿Dónde quedaron los valores de la población? ¿Habrá justicia por esto? Esperamos que no quede impune, como suele suceder en un país sin reglas y sin instituciones responsables para lidiar con situaciones como esa. Con respecto a la situación de mi abuela Carmen, fue reconfortante ver el apoyo que recibimos, tuvimos que hacer una recaudación de fondos para lidiar con los gastos de su operación y me llenó de alegría ver la colaboración de tantas personas que recordaban con mucho cariño a mi abuela y saber que, en algún momento de sus vidas, mi abuela dejo su marca. Aún así, no sé cuanto tiempo me tomará para aceptar que ya ellos no están aquí y ni hablar de cuánto tiempo pasará sin que yo pueda visitar sus respectivas tumbas y despedirme personalmente.

No sé cómo lidiar con el duelo a la distancia, sobre todo cuando no estás rodeado de personas que comparten tu dolor. Mucho menos cuando tus interacciones sociales se reducen a personas que lo único que hacen es pedirte favores, sin tomar en cuenta el dolor por el que estás pasando y ni siquiera, dan sus condolencias. Me quedo con el apoyo de pocas personas, que puedo contar con los dedos de una mano, que así su apoyo sea mínimo, un mensaje de texto, solo una oración, me hace saber que no estoy solo.  Nadie entiende la gravedad de estas tragedias hasta que les pasan.

Realmente, nadie, nunca, está preparado para lidiar con la muerte de un familiar, siempre pensamos que nunca nos va a ocurrir a nosotros. A distancia, todos sufren en Venezuela, yo sufro desde aquí y no hay ninguna manera de lograr ese cálido abrazo con mi gente, y sufrir el fallecimiento desde lejos, tiene la particularidad de que no sabes qué decir, ni qué hacer para intentar aliviar el sentido dolor de los que lo viven desde cerca. El dolor de mi papá y de mis tías que perdieron a su madre, el de mi tía que perdió a su esposo, el de mis primos que perdieron a su padre, el de los nietos que perdieron a su abuela y el de mi tío que perdió a su hijo. No sé ni qué siento, ni sé cómo lidiar con esto, no me creo que todo esto sea real y espero que nunca, jamás, tenga que acostumbrarme a este sentimiento.

Mientras tanto, toca dar el adiós a los que se fueron y el agradecimiento por lo vivido. Rezar, velar por su eterno descanso y mantener su esencia viva en todos nuestros corazones. Que en paz descansen Carmen Consuelo Betancourt, Manuel Contreras y Erickson Vivas.

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