Los canallas de turno

Gina Montaner

Gina Montaner
Miami, Estados Unidos

Suele suceder. Mientras hay quienes luchan mano a mano para buscar una salida a un régimen dictatorial, los hay que desde la barra de un cafetín o en la comodidad del salón de sus casas lanzan opiniones desatinadas acerca de los actos que se suceden sobre el terreno minado.

Ahí, en una Caracas sitiada por las fuerzas represoras del gobierno de Nicolás Maduro, hombres y mujeres como Juan Guaidó, Leopoldo López, María Corina Machado y otros tantos opositores se parten el pecho a la vez que hilan fino ese salto (que puede ser mortal) para recuperar la democracia y la prosperidad.

El presidente interino Guaidó es el animador del bloque opositor que sin descanso convoca a movilizaciones y se mueve con cautela en la capital tomada por la policía política. Con la ayuda de facciones disidentes dentro de los uniformados, el pasado martes López salió de su arresto domiciliario. Desde la protección que a él y a su familia les ofrece la Embajada de España en la capital venezolana, el líder de Voluntad Popular, contra quien pesa una orden de captura, ha dicho que no renuncian a ganarle la partida al régimen siguiendo la hoja de ruta de la denominada Operación Libertad.

Se trata de una oposición cercada que desde hace veinte años araña resquicios para zafarse del despropósito del chavismo. En el conflicto ha habido muertos, exilios, desplazamientos de millones de personas, opositores que se han desgastado, planes frustrados. Ahora Guaidó y sus seguidores en gran medida están a expensas de las alianzas en el exterior que respaldan su esfuerzo frente al espasmo totalitario del madurismo. Es una situación volátil en la que el destino de quienes resisten depende de estrategias que van y vienen de Washington, Colombia, Chile, Brasil o la propia Unión Europea.

Qué fácil es sentenciar si los actos de la víspera de este primero de mayo fueron “prematuros”, una apreciación del propio jefe de la Inteligencia del gobierno de Jair Bolsonaro. A fin de cuentas, mientras el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov se desmienten el uno al otro sobre la intervención del Kremlin en Venezuela, son los opositores los que respiran hondo antes de congregarse en las plazas.

A la misma vez que el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton insiste en que “todas las opciones” están sobre la mesa y amenaza al gobierno de Cuba con más sanciones si no saca sus garras del país sudamericano, la oposición en Venezuela se pregunta si realmente existe la opción de salvarlos en caso de una ofensiva de terror dirigida desde Miraflores para aplastarlos definitivamente a sangre y fuego.

Pero ni siquiera ahora, cuando los líderes de la oposición invocan el momentum para que se produzca la regeneración, los miserables de turno callan. Ahí tenemos al nefando Abel Prieto, otrora ministro de Cultura del régimen cubano y hoy bufón venido a menos de la comparsa castrista. En su cuenta de Twitter se ha atrevido a mofarse de López, burlándose de que se haya resguardado en una sede diplomática. Pero ¿qué se puede esperar de un personaje tan lamentable? El mismo que en la Cumbre de las Américas, celebrada en Panamá en 2015, dirigió las turbas de repudio contra los opositores demócratas cubanos que asistieron a las jornadas de la sociedad civil gracias a la generosa gestión del letrado Rubén Castillo. Con mis propios ojos vi a Prieto coreografiar la represión.

Tampoco el político español de extrema izquierda, Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha resistido la tentación de intentar difamar a Guaidó, tachándolo de “golpista” y asegurando que el gobierno socialista de Pedro Sánchez no se sentía cómodo reconociendo su legitimidad como presidente encargado, algo que ha desmentido categóricamente el canciller Josep Borrell. Conviene recordar que en su día el entorno podemita asesoró en Caracas a Hugo Chávez. Iglesias tiene de demócrata lo que Guaidó tiene de golpista.

Es difícil saber si al final de este difícil y doloroso camino la oposición en Venezuela podrá liderar el proceso de una transición a la democracia. Como todas las luchas que se libran desde una posición de desventaja, son muchos los factores que están sobre el enredado tablero de la geopolítica. Pero de lo que no hay duda es que Juan Guaidó, Leopoldo López y quienes marchan en las calles bajo los disparos son valerosos hasta las lágrimas. No dejemos ni por un momento que los canallas de turno se salgan con la suya. [©FIRMAS PRESS]