Sobre ese final de Game of Thrones…

Carlos Jijón Jurado
Guayaquil, Ecuador

Hasta hace unas semanas, nunca pensé que el final de Game of Thrones podía ser malo. Imperfecto, quizás. ¿Malo? Imposible. Pero después de ver la última temporada de la serie y sus muy cuestionables decisiones artísticas, la situación cambió. De repente no me podía imaginar una conclusión satisfactoria para el que probablemente iba a ser uno de los eventos televisivos más grandes de mi vida.

El resultado final fue aún peor de lo que tenía en mente. El último episodio, “The Iron Throne”, es decepcionante de una forma que casi sorprende.

El capítulo empieza donde terminó el anterior. Daenerys Targaryen acaba de convertirse en reina y no parece molestarle el hecho de que acaba de cometer una masacre. Por el contrario, se ve bastante feliz y decide que su primer acto como monarca será dar un discurso nazi a su ejército en el que promete que seguirá cometiendo atrocidades mientras tenga la capacidad de hacerlo. Al ver esto, Jon Snow se convence de que apoyarla fue un error y concluye que la reacción más apropiada es asesinarla. Y eso hace. Jon apuñala a Daenerys, matándola, cuando apenas han pasado unos veinte minutos del episodio. Y sé que ya muchas personas se han quejado de lo rápido que va la serie últimamente, pero este es un nuevo récord. Jon pasó de ‘lealtad incondicional’ a ‘apuñalar hasta la muerte’ en menos de media hora. He tenido almuerzos más largos.

Después de eso, saltamos unos meses en el tiempo. Los soldados de Daenerys controlan la ciudad y tienen a Jon como prisionero. Y más importantemente, no hay rey, así que representantes de las familias poderosas de Poniente se reúnen para tratar de resolver la situación. Entonces, tras unos cinco minutos de deliberaciones, concluyen que el nuevo monarca debe ser Bran Stark… por su sabiduría o algo así.

Sé lo que estás diciendo. “Eso no tiene sentido”. “La mitad de esas personas ni siquiera conoce a Bran”. “¿Cómo es que toman la decisión más importante en la historia del mundo sin siquiera discutirlo un poco más?” Pero no nos preocupemos con detalles por ahora (los escritores claramente no lo hicieron). Bran es el rey y elige a Tyrion como su Mano. Luego vemos lo que pasa con el resto de personajes. Sansa Stark se convierte en reina del Norte, Arya tiene un repentino deseo de explorar el mundo y Jon Snow es enviado a la Pared como castigo por matar a Daenerys.

Ese es el final. Y si tienes problemas articulando por qué exactamente lo encuentras tan aburrido y terrible, no te preocupes, estoy aquí para ayudar. Hay muchos problemas que mencionar pero concentrémonos en lo principal.

No hay drama

Todo este episodio, que concluye una historia que se ha demorado casi una década en contarse, tiene una seria falta de drama. “The Iron Throne” consiste en una serie de eventos que casi no contiene ningún tipo de tensión o conflicto.

Normalmente en una serie de televisión los héroes son recompensados tras vencer algún tipo de adversidad. Así son la mayor parte de historias del mundo y así es como Game of Thrones siempre ha sido contada. ¿Recuerdan cuando Jon Snow ganó la batalla de Winterfell y fue coronado? Fue uno de los momentos más satisfactorios de mi vida.

Eso no existe en “The Iron Throne”. La única tensión que hay está al principio del capítulo cuando Jon va a traicionar a Daenerys, pero ni siquiera esto resulta muy difícil. Acabar con su reinado es tan sencillo como apuñalarla mientras está desprevenida. Pero al menos eso es algo. El resto del episodio está libre de cualquier tipo de conflicto que lo pueda hacer interesante.

Al final, ningún personaje ganó nada. Bran nunca luchó por el trono, simplemente se lo dieron. Sansa no tuvo que utilizar su intelecto para conseguir la independencia del Norte, solo se la pidió a su hermano y este accedió sin pensarlo dos veces. Arya es lo peor. Quiere ir a viajar por el mundo y ni siquiera tuvo que esforzarse por comprar su barco considerando que está entre las personas más ricas del continente.

Lo que me lleva a…

Ninguno de los finales fue satisfactorio

A lo largo del capítulo, Jon Snow y Tyrion Lannister no podrían verse más miserables. No sé si sea una extraña decisión artística o simple frustración por parte de los actores, pero ambos, que son personajes heroicos y favoritos de los fanáticos, terminan en lugares que odian.

Jon regresa a la Pared (donde su historia comenzó) prácticamente obligado a cumplir un exilio perpetuo. Este es un final un tanto extraño para el héroe de toda la maldita serie, pero no importa, continuemos.

Similarmente, Tyrion es obligado a ser Mano del Rey en contra de sus deseos. Uno creería que tras ayudar a Daenerys a cometer genocidio, nadie trataría de darle un cargo tan importante, pero al parecer no.

¿Y qué hay de bueno con que Bran Stark sea el nuevo rey? Nunca ha mostrado interés en la política y no tiene carisma ni sentimientos. ¿Cómo sabemos que va a ser un buen gobernante? Si sus intenciones son tan buenas, ¿no pudo haber hecho algo para evitar la destrucción de King’s Landing?

Pero ni siquiera eso es lo peor.

No hay reglas

Esto no es un problema de este último capítulo tanto como es uno de las últimas temporadas de la serie, pero aquí es donde más se siente y lo que termina por matar la experiencia en mi opinión.

En sus primeras temporadas, Game of Thrones ponía un esfuerzo casi sobrehumano en hacer que su mundo tenga sentido. Había tradiciones y costumbres que definían la historia. Cada evento importante era una reacción a lo que había pasado antes. El mundo era complejo y las cosas no pasaban porque sí.

Ahora todo pasa por qué sí. Bran Stark es coronado arbitrariamente sin que se considere ninguna forma de legitimar su reinado, algo que era bastante importante hasta hace unos cuantos episodios.

Pero mira bien las personas que están ahí cuando el nuevo rey es elegido. Se supone que son las personas más importantes del reino, ¿no? Entonces, ¿porque está ahí Brienne of Tarth? Brienne es un soldado, nunca en su vida a intervenido en política. Lo mismo con Arya. No digas nada. Yo sé porque están ahí. Están ahí porque son personajes que la audiencia conoce y la serie quiere que veamos a los personajes que queremos en pantalla incluso cuando no tiene sentido alguno que estén ahí.

Esto llega a un nivel cómico al final del episodio cuando vemos el consejo del nuevo rey y este está conformado al cien por ciento por personajes favoritos de la audiencia. Incluso está Bronn, el mercenario, encargado de las finanzas (!). ¿Me quieren decir que no había nadie más preparado?

No puedo seguir. Esta serie solía ser tan buena, pero ahora no quiero ni pensar en ella. El único consuelo es que los libros saldrán en algún momento y que seguramente tendrán una mejor conclusión. Alégrense, el próximo probablemente saldrá en algún momento de los próximos veinte años.

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