Alexis Mera

Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

“En el período 2012 a 2016 [mientras] ostentaba la función de secretario jurídico de la Presidencia de la República, abusando de su cargo a través de Pamela Martínez exigía la entrega de dinero en efectivo a personas jurídicas contratistas del Estado ecuatoriano, como la empresa Odebrecht, a cambio de tener apoyo de gobierno en las contrataciones futuras con el Estado”.

He copiado lo que la Fiscalía imputa a Alexis Mera en el juicio iniciado por concusión (delito que comete el funcionario que exige lo no debido), según el acta colgada en la página de la Corte. Destaco que, según se señala, las exigencias las habría hecho Mera a través de Pamela Martínez, quien sería recadera o correo.

Busco evidencias en el acta. Y solo encuentro: primero, que en un cuaderno Martínez habría escrito que Mera la visitó pidiéndole “$” y que consultado el “VP” dispuso “recibir un sobre [de Odebrecht] y entregar de inmediato a Alexis Mera”; y segundo, que la propia Martínez, explicando sus notas, declaró que fue el exvicepresidente Glas quien le dijo que “en los días siguientes [le] irían a dejar unos sobres y tenía que entregárselos de inmediato al doctor Alexis Mera”.

No fluye entonces de lo anterior sustento alguno para la imputación de que hubiese sido Mera quien “exigía” “a través de Pamela Martínez… …la entrega de dinero en efectivo a contratistas del Estado”. Por el contrario, dicho en román paladino, aún de creérsele a Martínez, quien habría conseguido o “exigido” esos fondos, que es la conducta constitutiva de la concusión, habría sido Glas.

Entiendo que Alexis Mera pueda no causar agrado. Voy a asumir también que pueda ser detestado, ser sospechoso de perseguir inocentes o de manipular jueces. Pero aun de ser eso cierto, que se ordene su prisión preventiva por concusión, sin indicio alguno, resulta impresentable.

Quienes creemos de verdad en un Estado de derecho y no de revancha tenemos la obligación de protestar, como protestamos en su momento contra los atropellos correístas. Los principios están por encima de malquerencias, aun de ser merecidas.

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