Entre Pablo y El Chapo

Mariasol Pons
Guayaquil, Ecuador

Me refiero a Pablo Escobar y al Chapo Guzmán. El primero, el colombiano más famoso por sanguinario y narcotraficante -aunque no fuera ni el único, ni el más poderoso en la historia de ese negocio- y el segundo, el mexicano que recién ha sido condenado a cadena perpetua en un penal de máxima seguridad en Estados Unidos, también por narcotráfico -entre otros crímenes-. Ambos con historia impactante.

¿Por qué los dos cómo título? En el caso de Escobar, luego de ser abatido por la policía colombiana su familia huyó de Colombia, cambiaron su apellido para luego ser descubiertos en Argentina. El hijo del capo pidió perdón después de años por las actividades de su padre. En el caso del mexicano, a su familia no se le permitirá verle, pasará en aislamiento lo que le queda de vida porque fue capturado y juzgado.

Lo que conecta a este par de personas es el morbo del público; quince años atrás una línea de ropa italiana sacaba camisetas y prendas de moda con la imagen de Pablo Escobar, se hicieron un par de novelas que lograron que hasta el público educado imitase como el capo hablaba a la hora de mandar a matar, como si hubiese sido chistoso. En el caso del mexicano, su hija mayor tiene una línea de ropa llamada “Chapo 701”. El número de debe a la ubicación de su padre según la lista Forbes y la novedad es que la línea que ofrece camisas, cinturones, carteras, entre otros items, es producida por presos y ex convictos; en la publicidad se asegura que las compras contribuyen a la reinserción social de los prisioneros.

Ambos personajes se presentaron en su momento como “mecenas” de la comunidad y ocuparon vacíos del Estado. En el caso de Escobar, éste contribuyó con canchas deportivas, iluminación y dádivas para los “más pobres” de Envigado y Medellín -o por lo menos de eso iba la leyenda- en el caso del Chapo, hay la leyenda de que se hacen donaciones en las comunidades rurales de Sinaloa que llevan sus iniciales. En países con altos índices de pobreza inclusive los personajes más sanguinarios y aterradores ganan espacio con aportes sociales, pero en el tema de la moda llama la atención que personas con otro tipo de necesidades e información alimenten la creación de mitos que confunden acerca del valor y virtud de las personas y sus acciones. Que el morbo no los ciegue; no son rebeldes valiosos, no son padres de la patria, son criminales y no modelos a seguir.