Hasta nunca

Raúl Andrade Gándara

Rocheter, Estados Unidos

Se ha ido finalmente. Y es un alivio. El daño que ha causado es enorme.

Su actitud pendenciera, su viveza criolla,su cinismo eran ya impresentables. Se respiraba codicia en todas sus declaraciones, en sus negociaciones, en sus aclaraciones. Usó y abusó del poder a vista y paciencia de todos.

Alguna querida amiga me alertó sobre lo sinuoso de su estilo. De su incondicional “lealtad” con el anterior y el actual. Cómo traicionó al primero para lograr poder e influencia gracias al segundo. De su bajeza. De sus subterfugios. De su falta de escrúpulos. Era un pasivo cada vez más grande.

Lo han despedido o se ha despedido. Poco importa. Pero el País respira un poco mejor esta noche. Resultaba inaceptable el mantenerlo en funciones. La gran pregunta sin embargo es si muerto el perro se acaba la rabia. Si el proceso millonario de las concesiones estatales va a seguir por el mismo camino inescrutable y sospechoso que trazó el ex funcionario. Si vamos a lograr un viraje definitivo hacia la transparencia o simplemente habrá un cambio de rostro para satisfacer a los mismos intereses.

Más allá del personaje, son las grandes codicias detrás de los activos del estado las que están en evidencia. La reducción del tamaño del estado no tiene porqué convertirse en un negociado. Al contrario. Es la mejor oportunidad para demostrar lo contrario. Bancos de inversión de primer orden, negociaciones de gobierno a gobierno con países del primer mundo, términos públicos y transparencia en las concesiones son apenas lo básico para devolver la confianza a un país ahogado en la suspicacia y las dudas.

Un comité de análisis compuesto por hombres de bien, fuera de toda sospecha, o si la linterna de Diógenes es incapaz de encontrarlos, por organismos internacionales de primer orden. Así se tienen que manejar los temas de interés nacional. No a la sordina. No entregados al libre albedrío de un solo hombre. Son procesos que deben infundir confianza. Es el dinero de todos el que está en juego.

Ya pasó el tiempo de aceptar de rodillas las imposiciones y caprichos del mandatario. Es la hora de los mandantes,y es imperativo que se nos escuche. Ni un solo activo puede malbaratarse. Demasiados malos negocios ha hecho ya el Ecuador gracias a sus “salvadores”. Estamos y estaremos vigilantes. Esto recién empieza. No lo perdamos de vista.

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