Ruptura

Raúl Andrade Gándara

Rochester, Estados Unidos

Hay instantes que definen vidas, momentos que encaminan destinos, jornadas que marcan épocas. Las medidas económicas, extemporáneas, incompletas pero necesarias, han logrado definir y marcar al país. A sus líderes. Los hemos visto salir de sus madrigueras para emitir su opinión, su objeción, su certeza o su deseo.

Y ha salido a la luz el otro Ecuador, aquel que no queremos ver, que repugna, pero existe. El subversivo, el díscolo, el del voto encubierto e ignorante, el del resentimiento social o del marginal. No importa. El hecho cierto es que hoy podemos verlo, con la precisión de una radiografía. Donde están, quienes son, qué persiguen y qué rechazan.

Es importante ubicarlos. De una vez por todas. Entender los porqués detrás de alianzas incomprensibles, diálogos estériles, intereses camuflados en reivindicaciones. Y sobre todo, a donde lleva todo esto. Es el momento de averiguarlo. De sacudirnos de la indolencia y la comodidad que caracteriza a la clase media, evidentemente aburguesada y cobarde. De detener a la prepotencia y el abuso de una nueva clase llena de prebendas y subsidios.

Es hora de plantarnos firmes frente a la eterna manipulación de los discursos incendiarios e inútiles, que solo esconden intereses de grupo o de momentos. Es la gran oportunidad de mirarnos al espejo como País y definir nuestro futuro.

Diez años de encender y avivar odios han dado su fruto. Diez años de socavar la autoridad y autorizar el robo a mansalva tienen que tener una respuesta firme. No podemos seguir tolerando la alcahueteria en los políticos. Se tienen que trazar límites de inmediato. El principio de autoridad tiene que respetarse. No hay marcha atrás.

Hemos vivido temerosos y sometidos al chantaje de minorías organizadas, de políticos demagogos y acomodaticios incapaces de distinguir entre los intereses de su partido y los de su país. Ellos, primero que nadie, tienen que enmendar sus posiciones ambiguas.

El ecuatoriano común tiene que exigir respeto a su modo de vida, a sus elecciones y a sus decisiones. No es aceptable que den la espalda a sus electores desde el poder para quedar bien con sus aliados de coyuntura. Esta traición permanente es la que ha generado el desprecio hacia la clase política.

De igual manera, los analistas y directores de opinión tienen que despojarse de sus objetivos personales e ideológicos para cerrar filas ante el ataque sin sentido que está sufriendo el País. No es dable seguir sometidos a la prepotencia de unos matones irresponsables que no quieren ser juzgados por sus pillerías. Que no se cumpla en nuestro Ecuador aquel adagio de “Ladrones pequeños ahorcados, ladrones grandes condecorados “.

Que el ejército cumpla con su obligación de detener a quienes no respetan a sus propios compatriotas y pretenden imponer sus condiciones separatistas y minoritarias ante una mayoría que ha sido demasiado paciente. Que la policía sienta el respaldo de la ciudadanía frente a los desmanes y pillaje de los últimos tiempos, para que su deber de servir y proteger se cumpla a cabalidad. Tienen que ser responsables y respetar los derechos ajenos. Pero ante todo los propios y los de la mayoría que quiere vivir en paz y sin zozobra.

Mención a parte tiene el tema indígena. Hay que reconocer su lucha, su aislamiento y su precariedad. Es una gran deuda la que tiene el pasado con ellos. Y es nuestra obligación en el presente el integrarlos y apoyarlos para lograr una armonía duradera con sus comunidades.

Hay muchas fórmulas para respaldarlos. Y habrá que, de manera serena y decidida, buscarlas y aplicarlas. Pero ninguna incluye la agresión y el saqueo. Eso tiene que terminar. Hoy se los utiliza, mañana se los olvida. Únicamente sus dirigentes se benefician. El grueso sigue marginado y olvidado. Eso también tiene que cambiar.

Pero el presente es otro. Nos enfrenta y nos afecta. Una minoría pretende imponer sus deseos y perpetuar su impunidad. Es hora de llamar al orden al país y castigar a sus malos ciudadanos. Solo así podremos sentar las bases para cambiar. Con respeto, legitimidad y autoridad. Es imperativo mantenerse unidos y respaldar a la institucionalidad. No podemos seguir en manos de los caprichos de líderes sin escrúpulos ni visión nacional ni de avivatos que pretenden pescar a río revuelto para perpetuar sus ventajas. Para avanzar todos tenemos que apoyar. Sin recovecos ni titubeos. ¡BASTA YA!