La gesta heroica del Cenepa sigue emocionando a soldados

Jesús Rivera, con su uniforme de camuflaje y armado, caminaba por la orilla de un riachuelo en Tiwintza hasta que detuvo su andar al escuchar un ruido en la vegetación. En segundos, dice, empezaron las ráfagas de bala. Se lanzó al suelo y el soldado que venía detrás abrió fuego contra los soldados peruanos. Rivera se levantó y gritó: “Estoy vivo, no dispares, sígueme”, mientras corrían a la selva.

Rivera narra esos segundos de su vida militar que ocurrieron una mañana de enero de 1995, al mostrar la cicatriz que dejó una bala en el brazo y en la punta de la nariz, al salir el proyectil. Él estaba siempre al frente, como soldado guía de una ‘patrulla’ de 18 militares, durante el conflicto del Cenepa cuando las Fuerzas Armadas del Ecuador y Perú se enfrentaron en un sector no delimitado de la frontera.

Su trabajo y el de cientos más que combatieron en defensa del territorio nacional se recuerda hoy, en el aniversario 22 de la gesta del Cenepa. La II División del Ejército rinde un homenaje a los soldados con un programa cívico militar en el monumento al Reservista, en las avenidas José María Egas y Antonio Parra Velasco, en Sauces 9. En Quito también se dará homenaje.

Rivera, de 48 años, asistirá con su uniforme y la cinta roja, llamada la ‘Cruz al Mérito de Guerra’, que recibió junto a 85 héroes nacionales más el 24 de mayo de 1995, en el estadio Atahualpa. Ese día lo recuerda con nostalgia y satisfacción, al ver las fotos del evento militar en su álbum familiar.

Ahí también conserva aquellas que se tomó hace 22 años con sus compañeros soldados. De una de las imágenes, él muestra al único soldado que murió del grupo que guiaba. Tuvieron que dejarlo y días después recuperaron su cuerpo, lamenta y respira profundamente.

Él, quien se jubiló en julio pasado como sargento primero del Ejército, recuerda que en enero dieron a conocer al país del conflicto, pero ya llevaban meses defendiendo el territorio, dice. En enero, luego de cuatro días de resultar herido, sin atención médica, sin poder mover el brazo, sin comunicación y sin raciones alimenticias, todo el grupo fue relevado.

“Ellos eran más, tenían más gente, más armamento, pero nosotros estábamos mejor preparados. Cuando ellos querían rodearnos, nosotros estábamos siempre un paso más adelante de ellos”, expresa el jubilado, quien sostiene con pesar que “luego de tanta lucha, esfuerzo y el trabajo de todos, no es nuestro”, al referirse a la zona del Cenepa. Ahora atiende su negocio, una despensa, en Durán.

El conflicto bélico se registró entre enero y febrero de 1995. (I)

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Fuente: Diario El Universo.

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