Perú reivindica sus cafés de altura, una sinfonía de aromas de los Andes

A cítricos, manzana, canela, caramelo, miel, vainilla, chocolate o jazmín, así huelen y saben los cafés de altura de Perú, una sinfonía de aromas compuesta en los Andes para deleite de los amantes de esa bebida y orgullo de sus productores, que se ven a la par de sus vecinos de Colombia y Brasil.

Esa armonía de sabores, que emergen a medida que estos cafés especiales viajan por la boca, se forja entre los 1.300 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, una suerte de partitura natural cuyas cotas permiten a estos cultivos adquirir sus notas más sobresalientes.

A Perú no le faltan escenarios para ello, pues los exuberantes valles y laderas de la vertiente oriental de los Andes, que atraviesan el país de norte a sur, ofrecen una amplia tesitura de microclimas para crear las melodías más cautivadoras, incluso para el consumidor menos entendido.

“La mayor altitud hace que la síntesis de la planta sea más lenta y homogénea, por lo que la maduración es más prolongada y el café es capaz de adquirir todos los nutrientes del suelo hasta hacerlo un producto más consistente”, explicó a Efe Teodomiro Meléndez, gerente de calidad de la cooperativa Cenfrocafé, una de las más grandes del norte peruano.

Una vez cosechado y secado el grano hasta tener menos de 12 % de humedad, el resultado en la taza son cafés de categoría “premium”, de alta especialidad, al obtener no menos de 84 puntos sobre 100 en catas.

Los distintos perfiles de estos selectos cafés pueden protagonizar una ópera en distintos actos, primando uno sobre otro a medida que la taza se va enfriando.

Eso ha llamado la atención de tiendas especializadas de todo el mundo que han comenzado a poner sus ojos en estos selectos cafés para llevarlos a Estados Unidos, Japón, Bélgica, Holanda, Italia y Reino Unido, entre otros países.

La principal diferencia con el café de Colombia y Brasil es que el proceso en Perú es todavía más artesanal, producido de manera familiar por agricultores que plantan entre dos y tres hectáreas, comentó Meléndez, cuya cooperativa ubicada en Jaén agrupa a más de 3.000 socios y 8.000 hectáreas de cultivos de café.

Sin contar con grandes extensiones ni alta tecnología, su valor agregado está en que la mayoría de cafetaleros peruanos tiene certificados de buenas prácticas, comercio justo y cuidado del medioambiente, al punto de que Perú es el segundo mayor productor mundial de café orgánico, a pesar de plagas como la roya y la broca.

“No tenemos nada que envidiar a los cafés de Colombia, Costa Rica o Guatemala. Sé que tienen muy buenos cafés, pero nosotros también los tenemos”, afirmó a Efe el gerente general de Café Monte Verde, Alfonso Tejada, cuya comercializadora ya envió una partida a la tienda de cafés especiales de la cadena Starbucks en Seattle (Estados Unidos).

“Estamos a la altura”, reiteró Tejada, cuya empresa acopia el café de 1.200 productores de la provincia Rodríguez de Mendoza, en la región de Chachapoyas, una zona de “muchos microclimas, suelos muy ricos y naturaleza vigorosa, lo que hace que el café sea de una acidez fina, un cuerpo redondo y un dulzor especial”.

Claves estas que el cafetalero enumera sin dejar de comprobarlas al remover y oler los granos que están secando o al degustar las cerezas de café rojas y amarillas ya maduras de sus plantaciones.

Para distinguir mejor estos cafés a nivel nacional e internacional, la gubernamental Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú) lanzó recientemente la marca “Cafés del Perú”.

“Hay un café excepcional para cada quien. Hay a quien le gusta un poco más amargo, más ácido o más dulce. Sea cual sea el que te guste, Perú lo va a tener”, señaló a Efe la directora de Imagen País en Promperú, Isabella Falco.

Con el sello de “Cafés del Perú”, el séptimo productor mundial de café tiene como objetivo situarse como el primer productor de cafés especiales a nivel global, con granos que permitan saborear las notas finas y delicadas que brindan la altura de los Andes. EFE

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